Brasil gasta globalmente, entre los fondos públicos destinados a la seguridad y el desembolso de ciudadanos preocupados por la violencia, 43.000 millones de dólares, equivalentes al 10,5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).
Ese cálculo lo elaboró el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), basándose en informaciones de los últimos años de la década del 90. Dichos gastos públicos y privados originados por la violencia, según el BID, son mayores que toda la riqueza producida en un año en un país como Chile.
El comandante general de la Policía Militar (PM) de Rio de Janeiro, coronel Wilton Ribeiro, frente a esos datos, opinó que el país "está en una guerra", y destacó que alrededor de 150 policías militares (PM) fueron muertos en esa ciudad en lo que va del año en confrontaciones con bandidos y traficantes.
"Estamos en una guerra, nos atacan con granadas, fusiles AK-47 y M-16", opinó el coronel, y destacó: "Estamos preparados para esa guerra".
"Cuando se escoge la profesión de policía ya se sabe el riesgo que se corre, y eso ocurre en todo el mundo, sólo que en Rio de Janeiro y en Brasil el riesgo es doble o triple", consideró.
En Brasil, la proporción de criminalidad llega a 40 homicidios por 100.000 habitantes, índice de países en guerra interna.
La violencia afecta directamente el bolsillo de los brasileños, ya que mientras los gobiernos gastan fortunas en seguridad y encaran tratamientos de salud y pérdidas de productividad, los ciudadanos se concentran en su autodefensa. Así, los habitantes contratan agentes de seguridad, instalan alarmas, rejas, compran autos blindados, aprenden defensa personal, entre otras cosas.
El investigador Ignacio Cano, del Instituto de Estudios de la Religión (ISER), reflexionó: "Si las personas que invierten en la propia seguridad y se encierran detrás de muros y rejas destinasen parte de esos recursos a proyectos sociales en las favelas, el país gastaría menos en represión, habría más escuelas y menos cárceles".
La seguridad privada cuesta al Brasil más de 7.300 millones de dólares anuales, lo que es considerado excesivo para un país que destinó en el año 2001, 8.600 millones de dólares a sus Fuerzas Armadas.
Llamada de "industria del miedo", la seguridad particular, emplea cerca de 700.000 hombres oficialmente y otros 800.000 de forma no registrada. Paralelamente, Ejército, Marina y Aeronáutica ocupan, en total, 323.000 efectivos. La violencia resulta una barrera para las inversiones extranjeras en Brasil, de acuerdo con un documento del Banco Mundial, organismo que señaló que los robos y asaltos crecen 15 por ciento al año en San Pablo, ciudad que tiene una tasa de homicidios 6,4 por ciento mayor que Nueva York. Los cursos de las academias de luchas marciales registraron crecimiento de 60 por ciento en los últimos cinco años. Así, la lucha krav-magá --técnica de combate cuerpo a cuerpo desarrollada en el Ejército de Israel, donde la impuso su creador, el húngaro Ini Lichtenfeld--, llegó a Brasil hace diez años y entonces tenía sólo seis alumnos, pero ahora cuenta con más de 4.000 en todo el país.
El mercado brasileño moviliza 4.500 millones de dólares en alarmas por año y el país es el segundo mercado mundial, después de Colombia, de automóviles blindados, con 100.000 unidades.
Brasil es el país con mayor porcentaje de muertes por armas de fuego: 88,38 por ciento de los asesinatos. Cuarto en el mundo, el comercio legal de armas moviliza anualmente en Brasil cerca de 150 millones de dólares. *
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