Por Horacio Buscaglia
Ayer escribimos sobre la anacrónica presencia de Marx en el FMI y fijate que las cosas dichas por Carlos --hace ya un quilo de años-- sin ser tan ingeniosas como las dichas por Groucho (lo dije y lo sostengo: yo soy marxista de la tendencia de Groucho), siguen teniendo vigencia pese a los "derrumbes" materiales y/o espirituales. Especialmente aquellas donde nos explicaba que en el capitalismo (se le sigue llamando así, ¿no?) todo se convierte en mercancía: desde el arte hasta el amor, sin olvidar a las personas.
No sé si Richard Llewelyn, de Gran Bretaña, leyó a Marx, pero resulta que le tiene tanta fe a su hijo Chris, tiene tan claros sus deberes y derechos de padre y tiene tan presente las características de estos tiempos, que puso a la venta a su propio hijo en acciones.
Para ello ha transformado a su hijo pre adolescente, en una compañía de Responsabilidad Limitada. Parece que Chris juega bastante bien al tenis y de esta manera pretende captar inversores que, comprando "partes" de su hijo, ayuden a solventar el entrenamiento.
"Compre, compre un pedazo de mi hijo hoy y obtenga beneficios en el futuro" dice el aviso de prensa con la foto del chiquilín que levanta el brazo como ofreciéndote esa parte de él para vos.
Chris, con sus trece años, dice: "Mi padre ha mostrado tener mucha fe en mí. Es muy extraño transformarse en una compañía, pero cualquier cosa que me ayude a llegar a donde queremos, está bien para mí. Espero poder recompensar a la gente que me compre".
Yo no entiendo nada de empresas y esas cosas, pero no puedo evitar pensar que puede suceder si alguien con el 51% de las acciones decide "cerrar" a Chris.
(Es cierto, Marx es anacrónico: ni siquiera él podía imaginar las cosas que se están viendo hoy) *
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