No en balde las tironeadas negociaciones de Argentina con el FMI se prolongaron 12 días. El acuerdo suscrito está fuertemente condicionado, y no sólo desde el punto de vista económico. Además, recién el mes próximo el Directorio del FMI se reunirá para refrendar el crédito por 5 mil millones de dólares, y quedó muy claro que los 3 mil millones restantes aparecerán si Argentina cumple al pie de la letra el durísimo ajuste pactado. Si no, no.
El secretario del Tesoro Paul O'Neill dijo que Argentina estaba en una situación "muy resbaladiza" y que él debía velar para que "el dinero de los plomeros y carpinteros de Estados Unidos" no fuera a fondo perdido. En otros términos, la negociación debía asegurar que Argentina pagara la deuda: ahora y en el futuro, porque el acuerdo incluye compromisos hasta 2010, afectando a este gobierno y al próximo. Fue él quien condujo la negociación, mientras el titular del FMI, Horst Köhler, ofició de ladero.
También participó el presidente Bush, contactado desde Santiago en nombre del Grupo de Rio por el chileno Ricardo Lagos, quien le manifestó que América Latina había hecho muy bien los deberes y merecía mayor consideración.
En concreto, el acuerdo significa: 1) "Las autoridades argentinas se comprometen a reforzar el ajuste fiscal", según reza el comunicado final; 2) rebaja de salarios públicos y jubilaciones, lo que ya se traduce en manifestaciones de protesta, cortes de rutas, huelga de docentes, y el uso de patacones para pagar a funcionarios y jubilados en la provincia de Buenos Aires, con amenaza de nuevas reducciones en las retribuciones, 3) recortes de los aportes del poder central a las provincias, afectando poblaciones ya duramente castigadas por el desempleo y la reducida capacidad adquisitiva. El comunicado establece que "un importante empeño en el programa es la introducción de una legislación para reformar los acuerdos de coparticipación federal con las provincias", lo que será resistido tanto por los pobladores como por muchos gobernadores, 4) más privatizaciones (de lo que queda) y desregulaciones, lo que podría llevar a la privatización del Banco Central, y también de la recaudación de impuestos y de las actividades de la Aduana, donde la evasión es enorme.
Después que el blindaje por 41 mil millones de dólares de diciembre y el megacanje de abril-mayo se evaporaron, el gobierno USA y el FMI se proponen monitorear la economía argentina en sus entretelas, y hacer pagar todo desvío de los compromisos pactados, al estilo de la libra exacta de carne de "El Mercader de Venecia" de Shakespeare.
En el acuerdo firmado (y en el discurso de De la Rúa) no hay una sola palabra referida a la reactivación productiva. Lo que todos se preguntan es, en esas condiciones, cómo se podrán cumplir los compromisos.
Los 3 mil millones quedan como la zanahoria para que Argentina pague las amortizaciones e intereses de su deuda externa, que tras el decenio menemista trepó a 128 mil millones de dólares. Según un economista, este objetivo primordial implica "reforzar las reservas para poder enfrentar con mayor tranquilidad los pagos de la deuda externa". Lo mismo dijo el jefe de gabinete Christian Colombo: "El plan sustentable que se negocia tiene como fin lograr (...) que Argentina pague su deuda externa". La vieja fórmula, patentada y remachada, funesta para América Latina, deuda sobre deuda para pagar deuda.
Tanto Federico Storani como Rodolfo Terragno (renunciantes ambos) propusieron una reestructura de los pagos de la deuda externa, a largo plazo y con una tasa de interés razonable. El ex jefe de gabinete demostró que la sangría de la deuda externa supera el monto de todos los sueldos del Estado. Pero el acuerdo final establece todo lo contrario.
Faltaban aún varias frutillas sobre el pastel. La firma del acuerdo se acollaró al compromiso argentino de darle un manijazo al ALCA, proyecto hegemónico de EEUU que enfrenta dificultades en el Capitolio, con un fast track más que vidrioso. El miércoles mismo un vocero del State Department manifestó en CNN que el acuerdo, condicionado a una recomposición de la deuda, por un acto de "magia política" --textual-- quedó vinculado directamente a la promoción del ALCA.
La firma del documento coincidió con el inicio de las maniobras militares "Cabañas 2001" en la provincia argentina de Salta, con participación de tropas de EEUU y de los países sudamericanos salvo Colombia y Venezuela, vinculándoselas al Plan Colombia.
En los aledaños de las reuniones en Washington se mencionó que Argentina, en compensación, debería dar un aporte a dicho Plan Colombia. Se habla de bases al respecto en las Misiones y también en la Patagonia (está vinculado al proyecto de escudo antimisil). En la Cumbre de Santiago bastó que se mencionara la posibilidad de reducir los gastos militares en el continente, para que Pastrana saltara a la tribuna aduciendo que el Plan Colombia es intocable y está destinado en un 75% a los gastos sociales. Se trata de una inversión de la realidad, porque tal es precisamente el porcentaje destinado a los gastos militares.
Véase como todo se va uniendo, en la geografía de nuestra América Latina.*
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