Domingo, 06 de febrero, 2005 - AÑO 9 - Nro.1737
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Uberfil Monzón (MPP) debió desechar en 2000 la candidatura a edil propuesta por Mujica

El futuro director del INDA desafía a la Iglesia: asumirá con o sin venia eclesial

El presbítero Uberfil Monzón, del Movimiento de Participación Popular, es oriundo de Nueva Palmira y vive desde hace muchos años en el Km 27 de la Ruta Interbalnearia, en la localidad de Colinas de Solymar. Durante la semana se divide el tiempo entre la parroquia zonal, el Colegio Jesús María, un merendero con más de 80 niños, y visitas a los reclusos en diversas cárceles. Tras su designación, el próximo director del Instituto Nacional de Alimentación (INDA), siente que la vida le ha cambiado, pero aceptó la propuesta sin duda alguna de trabajar en la construcción de un "Uruguay Productivo".

YELLY BARRIOS

 Su vida cambió a fines de enero apenas la designación
trascendió públicamente. Desde entonces "los teléfonos no han parado de
sonar".
Su vida cambió a fines de enero apenas la designación trascendió públicamente. Desde entonces "los teléfonos no han parado de sonar".
 "Cuando el Frente ganó parece que se corrió una
cortina, y surge la esperanza, hay una brisa nueva".
"Cuando el Frente ganó parece que se corrió una cortina, y surge la esperanza, hay una brisa nueva".

Hace un par de semanas Uberfil Monzón se preparaba para sus vacaciones anuales, pero tras recibir una llamada telefónica todos sus planes debieron ser pospuestos. El 14 de enero de 2005 se le comunicó que había sido asignado como director del INDA para la gestión del Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría que comenzará a partir del 1º de marzo. Quizás antes de este pronunciamiento, sólo los más cercanos al "negro Monzón", como prefiere que lo llamen, se interesaban por su tarea en la comunidad o por sus historias de vida. Pero desde que Tabaré Vázquez confirmó su designación, hasta el propio Monzón sostiene que ahora "se le cambió la vida".

LA REPUBLICA lo visitó en su casa el viernes al mediodía. Allí en compañía de sus mascotas, rodeados de una exuberante vegetación y un gran silencio, Uberfil, "el negro" Monzón, nos abrió las puertas de su vida de par en par.

"Ya bien entrado el mes de diciembre de 2004, una vez finalizadas las tareas en el Colegio Jesús María, comencé la preparación para tomar mis vacaciones. Todos los años me voy a Mendoza en Argentina a disfrutar de las montañas, luego viajo a Chile, voy a Viña del Mar para visitar el océano Pacífico, tenía todo más o menos organizado. Pero una vez iniciado 2005, con el pasaje apalabrado y con las reservas en el hotel y demás, recibí una llamada del próximo subsecretario del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Jorge Bruni, precisamente el 14 de enero, en la que me ofrecían trabajar como director del INDA, y mis vacaciones pasaron inmediatamente a segundo plano, bueno, mejor dicho, fueron descartadas. Ahí comienza esta historia, en la que de un día para otro soy famoso.

Cuando el pasado lunes 31 de enero, Tabaré Vázquez lo anuncia públicamente, comienza a desencadenarse toda la prensa. Una vez publicada la primera nota en los diarios, los teléfonos no han parado de sonar".

Esta no es la primera vez en la que Monzón es convocado a participar en proyectos dentro del Frente Amplio, las instancias comenzaron cuando Vázquez asumió su primer gestión departamental, entre 1990 y 1994. "En ese entonces Tabaré me invita a colaborar con él en la gestión desde un cargo político en la comuna, pero le dije que no. Eso implicaba dejar la Parroquia, y quiero mucho a la gente con la que trabajo y en ese momento fue el principal motivo de mi respuesta. Sin embargo cuando Tabaré me ofreció trabajar en la zona de Paso de la Arena, Santiago Vázquez y barrios aledaños, sí acepté, y me quedé viviendo trabajando allí con la comunidad, 18 años.

La anterior propuesta que recibí me la hizo el Pepe Mujica para las elecciones municipales de 2000, donde me ofreció ser edil por el MPP, pero la máximas autoridades eclesiásticas nacionales me negaron la autorización. Yo nunca aparezco en las listas, sólo adhiero al sector liderado por él, por eso no figuraba mi nombre públicamente".

Encuentros claves

Uberfil Monzón, como tantos hombres y mujeres que lucharon y luchan por la conservación de los más altos valores, de a poco fue diseñando su personalidad, templando su particular perfil de hombre de la Iglesia, de la comunidad y de la política. Como tantos uruguayos debió padecer la crudeza de la dictadura y la perversidad de la tortura. Hoy siente que tiene una gran tarea por delante, pero no olvida, y todo lo que es hoy, cuenta en cada recuerdo de los momentos vividos. "Pertenezco a una familia que era tremendamente pobre, mi padre era monteador, se adentrada en los montes a cortar la leña, con su mujer y sus hijos, y allí entre ramas de árboles armó su casa donde mi madre parió a sus nueve hijos, de los cuales soy el octavo. En una etapa posterior ellos se mudaron a Nueva Palmira, donde viví varios años hasta que cumplí los 11, entre la hermosura del oeste de nuestro país, las barrancas, el encuentro de los ríos de Uruguay y de la Plata, entre tantas bellezas más. Más tarde logré obtener un puesto de trabajo como mandadero de la tienda El Polvorín, hasta los 17 años, cuando decidí que deseaba ingresar al Seminario. Me faltaban solamente dos años para terminar la preparación para el sacerdocio, cuando abandoné y me fui a trabajar a Buenos Aires. Más tarde sentí que era mi momento de regresar, lo hice, e ingresé nuevamente en el Seminario para culminar con aquello que había abandonado.

La primera parroquia a la que me designan estaba ubicada en La Teja, y aquí es donde nacen las raíces de esta historia, por personajes cruciales que comienzan a presentarse en mi vida.

Un día llega a la parroquia una muchacha muy bonita, que se llama María Auxiliadora Delgado, con un muchachito que recién había conquistado, Tabaré Vázquez. Luego me vinculé a un personaje muy particular, José Milton Aramís, al que todos conocíamos como "Pepe Veneno". El, junto a todos estos muchachos, me proponen para que nos vinculemos al cantegril la Cachimba del Piojo, ubicado en la zona de Carlos María Ramírez y Humbolt al norte. La idea de nuestro trabajo era ir y estar solos allí con quienes vivían, nada de hacernos los simpáticos, de regalarles cosas. La concepción estaba parada en el pilar de no hacer nada, mientras ellos no lo consideraran necesario. Fue tan buena la experiencia que ellos mismos concibieron la idea de construir una policlínica vecinal. Cuando vieron cómo quedaba aquel precioso edificio, afloró a su conciencia la idea de que no era normal vivir como lo hacían, e iniciaron las construcciones de sus propias viviendas, no más fueran piezas de dos por dos.

Sin planificación comenzamos a ser mentores en la zona de una modalidad de trabajo específica, visitábamos las casas y dialogábamos mucho con la gente, trabajábamos junto a ellas. Logramos armar proyectos en conjunto con grupos de estudiantes de la Facultad de Arquitectura. Entre los tantos estudiantes que llegaron a unírsenos en el trabajo, estaba una chiquilina divina, que los cantegreros les ponían las camisetas en el piso para que sus pies no tocaran el suelo. Ella era nada más y nada menos que Lucía Topolansky, un verdadero pimpollo; si ahora es bonita, imaginate antes.

Años más tarde me trasladé a la Catedral para trabajar como coordinador del Movimiento Estudiantil de Latinoamérica. Allí conocí a un compañero que coordinaba mundialmente el movimiento y pensé que lo que más quería era vivir en un barrio y trabajar. Finalizando la década del 60 me presenté ante el obispo y le dije: "Quiero vivir en un barrio y trabajar". La respuesta inmediata fue: "¿Y de qué van a trabajar?", y por supuesto le contesté, en lo que sea. Quería vivir de mi sueldo, poder pagar mi casa, y en los tiempos libres dedicarnos a cosas que nos gustara. Y me autorizó. Al tiempo un sacerdote me preguntó si tenía asignada alguna parroquia, y me terminé yendo a una ubicada en Paso de la Arena; una vez ahí comenzaron nuevamente los encuentros clave. En 1969 fue que conocí a José Mujica, vivía allí en la zona con su madre, en un predio hermoso donde cultivaban cartuchos".

El secuestro en Paraguay

Sucedían por ese entonces acontecimientos decisivos que comenzaban a transformar nuestro país. Ocurrió entonces que le ofrecen salir en misión para coordinar el trabajo con los obispos, por lo que debió viajar a Paraguay donde sufrió las experiencias más dramáticas de su vida. "Me voy entonces a Paraguay a entrevistarme con el presidente de 'Laicos del Celam' (Conferencia Episcopal Latinoamericana). Ese día, cuando llego, monseñor Rolon, arzobispo de Asunción, que por Constitución es miembro del Estado, había presentado renuncia a su cargo porque Alfredo Stroessner había encarcelado a una cantidad de presos políticos y los tenía en una situación inhumana. Ese sábado 27 de febrero, en Asunción, me acusan de tupamaro, me explican con diplomacia que me secuestran y anuncian que me van a torturar, porque consideran que el motivo de mi viaje era formar una célula tupamara en Paraguay. Los torturadores paraguayos querían que les diera información, cosa que bajo ninguna forma consiguieron", esgrimió.

Después de haber sido sometido a varios días de torturas, en sesiones donde debió soportar que le golpearan las plantas de tal forma que le hacían sentir que "se me saldría todo el cuerpo por la cabeza", de los choques de corriente eléctrica, de los simulacros de fusilamiento, de ser sumergido en el agua, decidieron que era tiempo de que muriera, y optaron por llevarlo a un río. Lo subieron a una camioneta y le informaron que lo iban a matar.

Cuando llegaron al lugar asignado, de nuevo comenzó la tortura para exigirle información. Monzón sintió morir, pero no como lo tenía previsto en su corazón. Otra vez se encontró de frente con la experiencia más brutal, el miedo, el poderoso miedo del hombre por el hombre. Cuando intentaron arrojarlo al río, él les pidió que le dieran un disparo, para evitar la asfixia, y entonces lo subieron nuevamente a la camioneta y lo regresaron al cuartel.

Sin perder un especial sentido del humor a la hora de recordar episodios tan trágicos en su vida, el "negro Monzón", cuenta que le lo desnudaron y continuaron con el hostigamiento. "Empezó de nuevo su fiesta, y me dice un oficial: '¡Sáquese la ropa!'. Yo imaginé que me invitaba a sacarme la ropa porque hacía calor. Pero no, otra vez empezaban con más de lo mismo". Dentro de un perverso juego sicológico, escuchaba la locura de los oficiales que discutían, y se moderaban a sí mismos, en donde uno ocupaba el rol del malo y el otro del moderador.

Cuando el obispo auxiliar, Andrés Rubio, viajó a Asunción para traer a Monzón de vuelta a nuestro país, el recibimiento que tuvo fue deplorable. En el aeropuerto le arrojaron huevos y tomates, con golpes e insultos, pero "el negro" retornó a suelo nacional, casi simultáneamente con el pronunciamiento del Frente Amplio. "Se había corrido la voz de mi llegada y además de mi hermano había un mundo más de gente, incluida toda la plana de oficiales. Alguien me preguntó: '¿Padre, se encuentra bien?', y rotundamente le contesté: No. Me miró y me dijo: '¿Cómo que no?'.

'Si usted se refiere a si en este momento de recibimiento me están tratando bien, le contesto que sí. Pero si me dice si estoy bien le digo que no, porque no nací para ser torturado, por lo tanto no estoy bien'", recordó Monzón.

De cara a la nueva gestión

Monzón es un hombre que desde temprana edad trabajó vinculándose a la gente, posee una vasta experiencia de trabajo en barrios, no sólo porque tiene un merendero, sino porque sabe lo que es tratar con INDA. Y sabe además que esta tarea es posible únicamente si se realiza en equipo, el cual ya se encuentra proyectándose de cara a la nueva gestión.

"Nosotros entendemos que los merenderos son una solución a término, porque no se puede institucionalizar la pobreza. La pobreza es un signo de un desorden económico y político, y hay que combatirla. Si alguien viene y golpea a mi puerta y me pide algo de comer, yo le pregunto, ¿y no trabajás?, ¿no querés trabajar? No puede ser que unos tengan que darle de comer a otros.

Entendemos que además de alimentarlos hay que educarlos, darles herramientas, que se sientan dignos, y eso se logra a través del trabajo. El INDA será, dentro del plan global del Frente Amplio, un gran servicio de promoción a través de situaciones límite como es la pobreza. Alimentarlos para que sean capaces, en un entorno digno.

Estamos todos al frente de un proyecto de construcción de un Uruguay productivo. No pude ser que dentro de este plan tengamos siempre el contrapeso de comunidades que consumen excesivamente y piensan: ¡pobrecitos, démosles de comer, si no se mueren de hambre!

El que haremos será un proyecto revolucionario, en el sentido de que se investigarán las causas que están produciendo estos signos de pobreza. Ya que los pobres son víctimas de la avaricia de gente que no piensa sobre qué cabezas pisa para poder subir. Se trata de remodelar espiritualmente, con esto me refiero al núcleo de nuestras convicciones: impulsar un proyecto de vida y de trabajo, pero sin la actitud pasiva de darles alimento a los que viven en la pobreza, esa no es una verdadera solución", explicó.

Un sacerdote con cargo político

El obispo, monseñor Nicolás Cotugno, se encuentra en el exterior del país. Como párroco, Uberfil Monzón necesita solicitar el permiso ante la máxima autoridad eclesiástica en Uruguay. La respuesta de Cotugno aún se desconoce, pero adelantándose un poco a su respuesta, Monzón expresa con firmeza que él comunicará a su mayor un "hecho consumado", por lo que más allá de un sí o un no, él ocupará el cargo al que ha sido asignado por el gobierno electo.

A partir marzo, Uberfil Monzón no sólo será sacerdote de una parroquia, capellán de un colegio, o trabajador comunitario, además será director de una institución que será uno de los pilares en la implementación del Plan de Emergencia que aplicará el FA-EP-NM. Pasará a ser el primer sacerdote que ocupará un cargo político, y teniendo en cuenta la orientación laica de nuestro gobierno, y la creencia de que el sacerdocio no se vincula a la actividad política, la respuesta de Cotugno es incierta. "Estoy transgrediendo ese principio, pero lo hago basándome en un concepto que expresa: los goces y esperanzas del mundo, son los goces y esperanzas de la Iglesia.

Cuando el Frente ganó parece que se corrió una cortina, y surge la esperanza, hay una brisa nueva. Si este fue el goce del pueblo uruguayo, ¿cómo se va a negar mi trabajo en este nuevo tiempo? No tengo una bola de cristal, así que no puedo saber qué pasará. Entiendo que debo mi fidelidad a esta población", expresando que su mayor deseo es trabajar para el desarrollo de un Uruguay productivo, cosa que asegura hará. *


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