WILMAR UMPIERREZ
Es así que la escribana Alicia Barbani, representante de ahorristas afectados por la maniobra, sostuvo en los últimos días que los Peirano estaban recibiendo un tratamiento privilegiado, con acceso libre a internet y teléfonos. El comentario molestó a todos por igual, desde las autoridades policiales, los demás presos y a los propios acusados. Y por curioso que parezca, casi todos los presos opinan que los empresarios no cuentan con privilegio alguno, es más, aseguran que los miembros de esta polémica familia cuentan con menos posibilidades de confort.
Entre ladrones de guante blanco, grandes evasores, asesinos, traficantes, contadores involucrados en la estafa del Banco Comercial, el procesado por el escándalo del Diario Oficial, Pablo Goncálvez, un gato que se encarga de los ratones del edificio, la TV cable instalada en forma gratuita por Tenfield y por supuesto, los hermanos Peirano, los 8 pisos de la Cárcel Central conforman un universo desconocido para el grueso de los uruguayos.
Muchos le llaman "el hotel de San José y Yi" en referencia a que allí, los detenidos gozarían de favores inimaginables para los presos de otras cárceles.
Lo real es que, al recorrerla se aprecia una tranquilidad y una higiene-física y mental-que no se encuentra en otros centros de reclusión.
A criterio del jefe de la cárcel, mayor Luis Mendoza, el estado de situación de este lugar apunta a la rehabilitación del detenido, cosa que ciertamente no ocurre en otras cárceles más violentas y en las que el hacinamiento es la moneda corriente.
El jerarca aseveró a LA REPUBLICA que "acá no hay distinciones por el apellido", rechazando así los dichos de la escribana Barbani.
"Lo que ella dice, no se ajusta a la realidad cotidiana que se vive acá. Ellos están acá por motivos de seguridad".
El director de la Cárcel Central desmintió enfáticamente que los Peirano cuenten con internet y teléfono."Ni yo tengo internet, para acceder necesito un código especial. Ellos hablan por teléfono, pero 5 veces por semana y solo 3 minutos. Además, cada llamada queda registrada porque ellos no marcan, es un funcionario el que disca el número", sostuvo Mendoza.
Efectivamente, el oficial muestra un libro conteniendo las llamadas de los internos, con la fecha y el número requerido. Paralelamente, Mendoza muestra también las solicitudes que los Peirano realizaron para salir por razones médicas, cada una de las cuáles debe ser autorizada por el juez actuante.
Por otro lado, el mayor Mendoza muestra la sala de monitoreo de las Cámaras de video que se encargan de vigilar que nadie entre ni salga sin autorización.
Este centro carcelario cuenta con 116 internos permanentes, aún cuando fué concebida -hace 78 años- para 95. En un primer momento, fué pensada para alojar a los policías infractores.
Resulta obvio que los rumores en cuanto a las supuestas "libertades" de los Peirano se originan en su dinero y a todo lo que él puede lograr, algo que por sí solo los convierte en personajes "diferentes" al resto.
Al respecto, el mayor Luis Mendoza enfatizó que "ésta no es una cárcel vip, es una que se ajusta a los tratados internacionales", al tiempo de recordar un reciente informe de Serpaj en el que se destacaba "el respeto a la vida, los derechos humanos y la integridad de las personas" que existe en el establecimiento.
Informó además que seis de los reclusos, muy jóvenes, terminaron de cursar secundaria gracias a un convenio firmado con Secundaria. También se enseña inglés por medio del Instituto Dickens. Paralelamente, existe una sala de computación (sin internet), en la que los reclusos que saben informática les enseñan a quienes no son versados en esa materia.
El reglamento interno de la Cárcel Central establece que a las 8 de la mañana, los "internados" deben estar levantados. Luego proceden a "la fajina" de todo el establecimiento. Al mediodía se procede al almuerzo, para pasar a la siesta por espacio de dos horas a partir de las 14.
Existe un patio interno, pero sin la presencia de verde. Para aquellos que necesiten cultivar el espíritu, las autoridades habilitan los días jueves diversos cultos religiosos, desde el católico, el hebreo y la infaltable Dios es Amor.
Por otro lado, desde la trifulca protagonizada por los jugadores de Nacional y Peñarol años atrás, muchos de los cuales terminaron detrás de esas paredes, la empresa Tenfield decidió dejar instalada la televisión por cable, en forma gratuita.
En toda la Cárcel Central se respira una cierta confraternidad entre los detenidos, para lo cual ayudan el orden y la higiene que impera en el lugar.
"Todos trabajan, limpian y ayudan", expresó Mendoza. También existen dos pequeños pero completos gimnasios, así como una biblioteca que ha sido enriquecida con el aporte de los propios presos.
En el sexto piso hay un parrillero y una zona destinada a las visitas conyugales, derecho que cada preso tiene cada 15 días.
Otro elemento que destaca de puertas adentro, es que buena parte del personal subalterno es considerablemente joven.
"Es gente recién egresada, gente que viene con ideas nuevas y tratan al interno como una persona que está impedida de su libertad, pero que merece respeto y humanismo", estableció Mendoza.
En el cuestionado informe televisvo, Alicia Barbani se refería a la situación de los banqueros indicando que recibían comida de superior nivel que los demás detenidos. Si bien es verdad, también es cierto que los familiares le pueden llevar alimentos a los presos. Es obvio que los familiares de los Peirano cuentan con la posibilidad de acercar comestibles de mejor calidad, pero ello no constituye una diferencia en el trato.
Recorriendo el edificio, se pueden encontrar desde profesionales hasta individuos que han participado en renombrados delitos de sangre.
Con el rostro sereno, el también mítico Pablo Goncálvez camina por un pasillo. Luego se le puede observar jugando al vóley junto a otros presos.
Como una metáfora cruel, una pareja de gorriones observa a los reclusos desde un cable que pasa por arriba del patio interno, haciendo gala de una libertad que no es más que una quimera para algunos de ellos.
"Acá te cambian muchas cosas, como la forma de pensar en la familia. Yo pasaba todo el día trabajando y no le daba importancia, en eso pensás mucho, igual que las macanas que te mandás.
La cárcel sirve para eso, para recopilar las metidas de pata y aprender de ello. Los Peirano,se comportan como cualquiera de nosotros", sostuvo un profesional acusado por algún que otro desarreglo contable frente a la DGI.
"El único privilegio es estar libre", indicó otro preso, desmintiendo también el supuesto trato preferencial de sus vecinos del piso 8º.
Guzmán por su parte, un joven de 25 años preso por rapiña, aseguró de los Peirano que "yo pensaba que ellos la pasaban como reyes acá, pero ahora me doy cuenta de que somos todos iguales".
Por curioso que parezca, la mayoría de los detenidos, asegura que la situación es al revés, que son ellos los privilegiados.
"Si los Peirano tienen que compartir su espacio con otros, nosotros no", indicó un veterano cincuentón que se encarga de cocinar para algunos de sus compañeros, refiriéndose a que "los comunes" cuentan con celdas individuales y no "colectivas" como el caso de los ex banqueros.
Pasado el mediodía, llegó de visita el juez Pablo Eguren, a los efectos de constatar con sus propios ojos "cuál es la realidad de la Cárcel Central". Consultado sobre las salidas de los Peirano, el magistrado estableció que las mismas "son puntuales y sólo para atender causas médicas".
A criterio de Eguren, que los Peirano puedan ser considerados como presos "especiales" no significa que tengan privilegios. "Son condiciones en las que deberían estar todos los detenidos",concluyó el doctor Eguren.
El otrora majestuoso y elegante ritmo de vida que llevaban los hermanos Peirano fuera de la cárcel, se transformó ahora en un universo bastante más reducido, aunque confortable, a pesar de que el lugar reservado para ellos en el octavo piso de la Cárcel Central lo deben compartir con otros dos reclusos.
El lugar es luminoso, cuenta con una cocina ordenada, y en el dormitorio se destacan fotos de sus familiares, un banderín de Nacional y una foto de Peñarol.
"La cosa está bastante repartida", aseguró Jorge Peirano. Del jacuzzi que se dijo que existía, no hay ni rastro. Tampoco de teléfonos ni laptop. Quien parece ser la voz cantante del clan, Dante, indicó a este cronista que "es una tontería lo que se dice por ahí, nosotros no tenemos ningún privilegio, que se lo pregunten a los otros reclusos. Ya lo dijo el jefe Mendoza, nosotros somos como cualquier otro acá adentro".
El concepto fué reafirmado por su hermano Jorge: "es una pelotudez, un verdadero disparate", dijo. Sobre los otros temas que los involucra, como su situación actual, el cambio de abogados o el remate de sus propiedades a partir del próximo lunes, ni una palabra. A todo esto, un fino trabajo de marroquinería cuelga de la pared con la frase mas célebre del Martín Fierro: "Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera". También se observan cartones de cigarrillos y una biblioteca bien provista, destacándose un ejemplar de Tratado sobre derechos humanos en Latinoamérica, del español Javier Hervada.
La Cárcel Central cuenta con el invalorable aporte de un gato que se encarga, naturalmente, de los ratones del establecimiento. "Se nos venían los ratones y el los paró",señaló el mayor Mendoza.
Este cronista no pudo saber si el felino en cuestión está presupuestado. Lo cierto es que goza de la simpatía de todos los habitantes del lugar. *
LA REPUBLICA fue testigo del modo de vida cotidiano de los reclusos.
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