Sonia Breccia--: ¿Cómo estás?
Matilde Severo Barreto--: Con todas estas noticias no muy bien. Pero esperemos nosotros como familiares y como hermana directamente involucrada en todo esto, que se sepa la verdad. De tanta búsqueda, de tantos años, pensábamos que estaban en Buenos Aires. Localizar en Buenos Aires entre 30 mil desaparecidos algunos uruguayos iba a ser imposible. Pero mueve mucho esta noticia, después de casi treinta años, es muy fuerte, para nosotros y todos los familiares. Aparte con nombres concretos, traídas concretas, muy específico. La noticia la recibí justamente en el trabajo, me llamó una amiga, me dijo que por televisión estaban hablando de mis hermanos, y yo ni me imaginaba, no sabía qué era. Creo que ninguno de los familiares que estamos en esta lucha hace años, que nos fueran a dar una noticia tan sorpresiva, pensábamos que era otra cosa. Era Gutiérrez Ruiz, Michelini, Simón Riquelo, la nieta de Gelman ahora y de los otros no se sabía nada, ni dónde estaban ni nada. Esperemos que esto se sepa, que al fin se sepa algo. Por eso le pedimos a los militares, a los responsables que hay y muchos, que no jueguen más con la verdad de los familiares y el dolor. Que de una vez por todas digan en dónde los tiraron o dónde los enterraron.
SB--: ¿Su madre vive en Buenos Aires?
MS--: Mi mamá vive en Buenos Aires desde el año 1975 que se fue atrás de Ari porque Ari era un segundo Raúl Sendic. Nosotros somos cañeros de Bella Unión, hijos de cañeros. Ari empezó la militancia sindical muy joven, a los 13 años estaba dando cátedra de sindicalismo, porque se inició muy joven y se formó como niño y adolescente como luchador social. Con una gran base vamos a decir, siguió su lucha y no lo paraba nadie, estuvo preso a los 18 años en el Álvarez Cortés, después pasó a la Colonia Suárez siendo menor de edad, a los 18 lo soltaron como preso político. La idea era irse para Chile y bueno, al final se quedó en Buenos Aires y siguió su lucha en los lugares donde estaba trabajando. No lo paraba nadie. Un día le dice a mi madre, "mamá, mi camino es este, mis ideales son estos'', y siguió, pasó lo que pasó. Mi hermana también estaba vinculada con su compañero sindical y político, ya en la dictadura de Buenos Aires y siguieron su lucha a nivel social y político, que para ellos era justo. Por eso le digo a mis hijos que son adolescentes, los tíos eran y son luchadores sociales. Hoy estamos en un gobierno como estamos porque han aportado y que la vida sea justa para todos, que no haya discriminación en todo sentido. De alguna manera disfrazar y decirles por qué están desaparecidos, por qué los mataron, toda esa historia engorrosa atrás de todo eso. Desaparecieron en Buenos Aires, mi hermana Marta con su compañero, mi hermanito Carlos de 16 años, mi sobrina que tenía 45 días en ese momento y una prima política de mi cuñado, que estaba en ese momento en la casa. O sea, si hubiera más familiares ahí también estarían desaparecidos. No se dieron el lujo de decir este sí, este no, marchaban todos.
SB--: ¿Su familia tiene siete desaparecidos?
MS--: Claro, directamente son tres hermanos, después está mi hermana casada con Hugo Martínez, ellos son los padres de mi sobrina que estuvo desaparecida por tres meses y por suerte la pudimos ubicar por medios propios. Cuando se llevaron a mi hermana, a mi cuñado y a todos, también se llevaron a una tía política de 54 años, que es la principal testigo hoy por hoy, no sé si vive la señora, pero quedó muy mal después de que la soltaron, es la principal testigo porque estuvo con ellos, la llevaron con ellos. La soltaron a los veinte días. Esta señora habló, después de buscarla por todos lados, después de ocho años pudimos sacarle un testimonio fundamental. Ella cuenta todo, cómo los trataron, todo.
SB--: ¿Qué es lo que cuenta?
MS--: Ella cuenta que estaban en una pieza, en Pozos de Banfield o Quilmes, no recuerdo, eran similares, había un colchón de dos plazas y ahí dormían los cinco. Al que más torturaban era a mi cuñado, Martínez, y después llevaban a mi hermana en base a lo que le preguntaban a él, le preguntaban a ella. Y que mi hermano mayor estaba en el tercer piso con mi cuñado y se veían supuestamente, en recreos que había de cinco minutos. En realidad ella no fue torturada físicamente pero sí psicológicamente por todo lo que sentí, realmente era un infierno. Ella fue liberada a los veinte días. Cuando la liberan, ella pensaba que los iban a soltar a mi hermana o mi hermano menor, pero no. Fue liberada a los veinte días con un simulacro de posible fusilamiento, aterrorizando a la familia si hablaba, o no hablaba, le iba a pasar esto al hijo o al nieto. Lo que sí me parece un dato importante es que cuando le fueron a atar las manos atrás, el policía le dijo "te la vamos a dejar medio floja para que te la puedas desatar'', la venda no se la ató muy fuerte, por eso podía mirar las luces debajo de la venda negra. Vio cuando miró para abajo, una caja de cigarros Nevada que eso nos llamó mucho la atención y creo que lo cuenta. Nevada fuman los uruguayos, no existe en Argentina. De todos los datos ese es un dato importante. La gentileza dentro del terror ese, el policía diciendo "te vamos a dejar medio flojo''. Ahí los llevaron en una camioneta militar, le hicieron un tipo de simulacro a ella y a un señor pintor que supuestamente era amigo de Ari Severo. Ella salió con muchas amenazas, por eso no habló en muchos años, yo pude lograr ese testimonio, le pedí por favor, aunque sea lo último que haga, para mí era importante, lo único que me pidió era anonimato, que se lo respeté hasta ahora. Este otro señor, también mayor, de 60 años, no pudo soportar todo lo que vivió, lo que sintió adentro, decidió declarar y apareció misteriosamente muerto. Tratamos de ubicarlo, en aquel tiempo nadie nos hacía caso, "si no tienen testigos no están desaparecidos, esto fue terror, una guerra'' y así nos tenían durante tantos años. Al tener testigos cambiaba la cosa. Este señor misteriosamente apareció muerto, o sea, con él ya no podemos contar, sí tuvimos después el testimonio de Alberto, un uruguayo que equivocadamente fue llevado junto a mis hermanos, él y la señora que tampoco aguantó esperar tanto para contar, fue liberado después con la señora, pero liberado de esa cárcel clandestina que nadie sabía lo que era, directamente a Ezeiza, "vos te vas y no hablás, no viste nada''. Alberto nos manda un testimonio, no sé si fue en el 80, 82, desde España que había estado con un grupo de uruguayos totalmente torturados, inclusive toda la familia Severo Barreto y dentro de esa familia un menor de edad, Carlos Eduardo de 16 años. Ese fue otro testimonio que tuvimos. Para rematar la del año pasado en Brecha, en la contratapa apareció otro testimonio más, también de ese grupo de cinco que llevaron equivocadamente, un testigo que estuvo con todos mis hermanos y varios uruguayos, pero nombraba a mis hermanos porque era toda una familia, lo que le decía a mi gente, siempre los tuvieron juntos, no sabemos por qué, cuál era la táctica de tenerlos juntos. Todos los testimonios, los tres que tengo que estuvieron con ellos siempre están los cinco Severo Barreto juntos. Ese testimonio del año pasado publicado en Brecha entrevistando al "tatú'', este muchacho creo que escribe libros. Empezó contando el relato de un libro, empieza así y cuando termina es terrorífico, después de veintisiete años que te vengan con un testimonio así, también como este supuesto tercer vuelo. Donde vivo me protegen mucho, no me querían mostrar el diario porque me podía pasar algo, a esta altura de la vida no me va a pasar nada, simplemente te emocionás, te golpea muy fuerte. Ahí cuenta que cuando él estaba ahí trajeron a toda una familia, Ari Severo Barreto y a Beatriz que es la señora, después a Marta Severo Barreto y Jorge y un menor de edad, Carlos, que lo tenían descalzo. Eso fue lo que le impresionó. Ahí relata un poco cómo lo torturaban a mi hermano, cómo lo llevaban y él los miraba y cada sesión de tortura que aparecía él, lo miraba en el sentido de fortaleza que tenía mi hermano. Llegaba de cada sesión de tortura, se sentaba en un banco y ahí quedaba quieto.
SB--: En el diálogo que veníamos manteniendo con Matilde hacía referencia a una contratapa publicada en el semanario Brecha, el 9 de julio del año pasado, escrita por Alberto Larsen, que vive en los Estados Unidos, en la que da cuenta de ellos detenidos en un lugar conocido como el Pozo de Quilmes en Argentina. Matilde tenía 18 años cuando sus hermanos desaparecieron y como nos viene contando, con Familiares de desaparecidos continúa trabajando sobre esta búsqueda de la verdad, sobre su familia. Tú me decías recién con respecto a tu madre, está en Buenos Aires y todavía no le han dado esta información.
MS--: Es una persona mayor de 78 años, castigada por la vida, más con esto de sus hijos, no está bien psicológicamente ni físicamente con sus achaques, a pesar de ser una mujer fuerte, raza negra, india, muy fuerte. Pero tratamos de mantenerla lo mejor posible. Ella vive en Buenos Aires con mi sobrina, hija de Marta. La que recuperamos.
SB--: ¿Cómo la recuperaron?
MS--: La recuperamos porque los militares cuando fueron a buscar a mis hermanos, ellos vivían en una casa de familia que alquilaban al fondo, una chilena, no me acuerdo el nombre de la señora. Y los militares fueron con esos datos, mis hermanos hacía tres meses que se habían mudado a seis o siete cuadras de ahí. Cuando fueron a buscarlos, fueron a buscarlos a esa casa, en la que vivían al fondo. Bueno, llegaron de madrugada, rompiendo todo, diciendo que buscaban a la familia Severo Barreto, uruguayos que eran tupamaros, que tenían armas, que esto y lo otro. Le empezaron a romper toda la casa a la mujer, ella no quería decir, levantaron a sus hijas, si ella no les decía dónde estaban se llevaban a sus hijas. La mujer aterrorizada dijo está bien, se llevaron igual a una de sus hijas para que les muestre la casa, para que no mintiese. Eso fue el 20 de abril del '78 a las dos de la mañana. Cuando llegaron a la casa, tiraron la puerta abajo, inclusive los vecinos sintieron todo por el ruido que hicieron. Ahí en ese momento estaba mi hermana con su esposo, mi hermano Carlitos, de 16 años, la tía política de mi cuñado, de 54 años y mi sobrina de 45 días. Estos señores después de estar una hora y media revolviendo la casa, a ellos los tiraron contra el piso, los maniataron, los vendaron y estuvieron una hora y media buscando armas, en eso la beba llora cuenta la señora esta. Una de las milicas que estaba le preparó la mamadera para que se calmara un poco. Ahí los meten a todos en una camioneta y cuando supuestamente se iban, dieron vuelta y dejaron la bebé en la casa de la chilena. Por suerte. Dentro de todo el terror era una suerte que la hayan dejado ahí y que la hayamos encontrado, que no la hayan tirado. Cuando mi mamá se enteró a los quince días de todo esto, con mi mamá vivíamos afuera, al lado de Ezeiza, casi se vuelve loca buscando a la niña, en aquel momento Buenos Aires era un terror total y nadie nos daba corte, yo no podía viajar a Buenos Aires porque era menor de edad, hasta los 21 no podía. Buscando y preguntando siempre, un vecino nos dijo dónde estaba la nena, está en tal lado pero no diga nada que yo le dije porque me puede pasar algo. Mi madre fue a la casa, no se la dio, entonces fue al juez de Lomas de Zamora, le dijo lo que había pasado y la citaron a la señora chilena con la bebe y cuando le tocó el turno a mi madre, en ese tiempo eran abuelas y madres y nadie nos daba corte. Cuando le toca a mi madre, el juez ya sabía lo que había pasado, no recuerdo el nombre del juez, pero voy a ir a saludarlo porque gracias a él hoy por hoy está mi sobrina. El le dijo, ''¿qué pasó señora?'', mi madre le dice que quería que le devolvieran a su nieta. Los militares cuando fueron a la casa por suerte dejaron documentos, partidas de nacimiento, entonces corroboraron que era nieta, ahí no podían hacer nada. El juez se para muy indignado y dice "a usted le parece poco que a esta mujer le llevaron toda la familia y usted todavía le quiere sacar la única nieta que le dejaron. Esa bebé pasa ante mí, inmediatamente a manos de la abuela materna y dígales a los señores militares que si van a su casa a molestarla que vengan hablar conmigo''. La verdad que en aquel terror, había jueces en aquel momento, no sé si lo mataron, si le hicieron algo. Mi sobrina tiene 27 años y está con mi madre.
SB--: ¿Cómo está su sobrina?
MS--: Mi sobrina bien, no es por nada pero es muy bien, estuvo con tratamiento psicológico cuando se enteró de todo. El famoso vuelo de la muerte. Ella estaba en el liceo, le vino como una crisis. Por suerte el liceo le dio apoyo psicológico, asistente social, trabajamos con un psicólogo con Abuelas de la Plaza de Mayo. A pesar de todo, a mi madre le dice mamá, es criada con su abuela, le dice mamá.
SB--: ¿Por qué no hablan los militares?
MS--: Pienso que es un costo político alto, no sólo para los militares sino para los gobiernos que han estado, las Fuerzas Armadas son las Fuerzas Armadas ¿para defender qué? ¿De qué nos van a defender? De Argentina, que nos invade en cinco minutos, de Brasil que nos invade en quince minutos, no, no existe eso, para hacer lo que hicieron no. No son las Fuerzas Armadas que supuestamente quería Artigas o la gente. No lo van a pagar estas Fuerzas Armadas de ahora, los estudiantes de ahora. Nosotros como Familiares juzgamos a las Fuerzas Armadas como institución, hasta que no se sepa la verdad nosotros los seguimos juzgando y pienso que no quieren hablar, no sé si por miedo o por qué, pero es un costo político. Que se va a saber a nivel mundial, acá hubo una dictadura que arrasó y mató, supuestamente nosotros hicimos una guerra sucia, porque ir a sacar una persona con metralletas y armas, es imponer el terror, no darle lugar a defenderse, es fácil. Eso es cobardía, si supuestamente querían combatir el terror, esa no era la mejor manera, lo pagamos los familiares directa o indirectamente involucrados. Espero que hablen, les pido por favor que hablen, que no sigan jugando con el dolor de tantos años de familiares. Si es que no termina, vamos a seguir toda la vida, que sean inteligentes y nos digan la verdad, ellos la tienen, nosotros no.
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