IVAN MOURELLE, RIVERA
En las primeras horas de la tarde de este martes, la vivienda de la calle Misiones 1208 se tiñó de sangre, luego de que Santiago Olivera decidiera acabar con su vida después de terminar con la de su madre, la maestra Cristina Benavídez, que fuera desde siempre militante de la primera línea del Movimiento de Participación Popular, debiendo soportar por ello ser destituida y presa durante varios años. Luego, con el advenimiento de la democracia, realizó el profesorado de Historia, dedicándose a la docencia en el área privada, pero siempre ligada a la política, lo que la llevó a ocupar el cargo de edila durante el período 1995-2000.
Fue la precursora de la creación de la Comisión de Derechos Humanos de la Junta Departamental, integrando además la Red de Mujeres Políticas, desarrollando una amplia tarea dentro y fuera del departamento.
La enfermedad de su esposo y luego la de su único hijo, Santiago, que a la postre fue quien le quitó la vida, no mermaron nunca ni la alegría ni las ganas de seguir adelante en pro de sus semejantes.
La población del departamento está consternada por tan trágica desaparición, que nos priva de una mujer que fue un verdadero ejemplo de vida y una docente dedicada por propia decisión a los niños con capacidades diferentes.
En el lugar se hicieron presentes autoridades de la Seccional 1ª, junto al juez de Feria, el Dr. Federico Tobías, derivándose los cuerpos a la Morgue Departamental, en tanto que su esposo, Hugo Olivera, preso de una profunda crisis fue internado en el hospital local. *
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