Martes, 10 de enero, 2006 - AÑO 9 - Nro.2067
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Argentinos confirman reanudación de planta nuclear con tecnología de los 80: ya no existe ni el fabricante

Saravia denuncia armado de un "nuevo Chernobyl" en Argentina

La mención a nivel del Senado de la República, de que los argentinos están "armando un nuevo Chernobyl", sale al cruce en plena denuncia de políticos y ambientalistas vecinos por las papeleras. El asunto en Argentina aparece evitando un colapso ambiental interno ante el retorno argentino a planes nucleares iniciados por su dictadura militar.

DANIEL MARTINEZ SOTO

 La planta de
Atucha II genera preocupación en Uruguay. El senador del MPP, Jorge Saravia, denuncia los
planes de Kirchner de reactivar la central nuclear.
La planta de Atucha II genera preocupación en Uruguay. El senador del MPP, Jorge Saravia, denuncia los planes de Kirchner de reactivar la central nuclear.

El senador del MPP Jorge Saravia, que preside la Comisión Permanente, dijo en recientes declaraciones radiales, que Argentina nos acusa de violentar normas ambientales del Mercosur con las papeleras, "cuando ellos están armando un nuevo Chernobyl que puede afectarnos mucho más".

El tema quedó así incluido en el debate, que seguramente se ahondará a partir de hoy cuando vuelva a sesionar la Comisión Permanente, donde Saravia anticipó el asunto en el tapete.

La referencia a Chernobyl (la mayor catástrofe nuclear en tiempo de paz que recuerda la historia), aparece relacionada a los planes del gobierno de Kirchner de poner nuevamente en marcha los planes de Atucha II. Esta tercera planta nuclear argentina de generación eléctrica, cuya construcción está suspendida desde hace una década, acaba de ser confirmada como meta prioritaria del gobierno, ante una anunciada crisis energética a corto plazo.

Ante los anuncios en la vecina orilla, desde casi todos los estratos involucrados en el tema, de una crisis de energía eléctrica total en el país que sobrevendría este mismo año, el gobierno anunció la reanudación de las obras de Atucha II, entre otras soluciones. Los componentes tecnológicos del reactor nuclear y sus sistemas, (más de un 75% del total), están abandonados, en su mayoría obsoletos, pero igual serán empleados. La empresa alemana Siemens, que asesoró y suministró los insumos, ha descartado oficialmente referirse al tema, en tanto dejaron de producir tecnología para reactores nucleares. Si bien los opositores al actual gobierno en Argentina, habían tomado la noticia como un anuncio de casi imposible ejecución, acaba de confirmarse en la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), en Neuquén, que en algunos meses volverá a producir en su máxima capacidad. Atucha II requiere 600 toneladas de agua pesada para la reacción nuclear que genera electricidad. 80 millones de dólares se acordaron invertir con la Comisión Nacional de Energía Atómica para las operaciones inmediatas de la planta.

La producción de agua pesada es considerada la base inicial de operaciones para todo reactor nuclear. Las autoridades anunciaron que unos 100 técnicos ingresarán a trabajar entre febrero y marzo próximos para operar la planta al 100%.

 

Los Chernobyl's argentinos

Durante la dictadura militar argentina, como parte de un plan de desarrollo atómico actualmente perimido en el mundo (excepto bajo gobiernos dictatoriales), se decidió construir Atucha II, la tercera planta nuclear.

La Junta Militar firmó los contratos en julio de 1980, con fines militaristas y políticos, que hoy se revelan como totalmente fuera de cualquier programa energético. Incluso las formas de adquisición de la planta se han revelado como negociados cuasi genocidas, teniendo en cuenta los riesgos de la planta.

La empresa elegida fue la Siemens KWU, empresa alemana cuyo única experiencia en su país, fue un prototipo (MZFR), de 57 MW, que ni siquiera había cubierto su expectativa de vida útil sin riesgo de 20 años: operó de 1966 a 1984, en que fue desmontada. Esa línea tecnológica de Siemens, fue empleada únicamente en Argentina.

Al fin de la dictadura, la Comisión de Energía Atómica había gastado ya el equivalente al 13% del endeudamiento externo del país y las obras de Atucha II fueron detenidas.

Actualmente, el escenario es aún peor: la empresa Siemens, la proveedora original, ha desmantelado su área nuclear con lo cual su línea de repuestos está discontinuada.

La autoridad argentina asegura que la empresa había asumido la responsabilidad de dichos suministros hasta 2015 y se encargaría de hacerlos cumplir en caso de fallas.

Lo que no explica es cómo hacerlo, en tanto ni Siemens produce ya los insumos (principalmente por el cierre masivo de reactores nucleares en Europa), ni existe forma de hacerles cumplir cláusulas que en absoluto preveían la nula demanda actual y la literal liquidación del ramo. La empresa alemana ha sugerido que Framatone (una empresa francesa en la que tienen una participación accionaria menor) sea la que concluya las obras.

Como por si fuera poco, Argentina debe actualmente poco menos que disimular, ante organismos internacionales (ni que hablar ante los países vecinos), la vetustez de sus componentes nucleares, algo que desde Greenpeace hasta la prensa solidaria con Kirchner, cuestionan.

 

Ojos objetivos

Atucha II está ubicada al norte de Buenos Aires, en la localidad de Lima junto al río Paraná, inmediatamente vecina a Atucha I, una de las plantas electronucleares con mayores dificultades y problemas operacionales de América Latina. Atucha I, genera actualmente 357 megavatios, algo menos de la mitad de los 745 megavatios que esperan produzca Atucha II.

Hasta allí el matutino Clarín, envió a su cronista Marcelo Cantón, quien advierte desde el inicio los problemas que enfrenta Atucha II para ser concluida por Siemens: "Si no se hacen cargo igual vamos a terminar la central", reproduce el periodista las afirmaciones de las jerarquías a cargo.

La calidad descriptiva del cronista no admite comentarios: "Parecen monjes medievales: hace una década que se dedican a "conservar el conocimiento". La mayor parte canosos, con más de 20 años trabajando en el mismo lugar, son quienes cuidan que las miles de piezas que compondrán Atucha II no acumulen polvo, que los planos originales no se pierdan, que cuando haga falta encontrar cada parte del proyecto, se sepa dónde está y cómo se aplica".

Detalla que "caminar por los pasillos de los 18 galpones donde están acumuladas las piezas del reactor es como recorrer un extraño museo (...).

Sorprende la calefacción usada para evitar que la humedad dañe las piezas: llaves hidráulicas, circuitos electrónicos, más allá un teléfono típico de los 80 (...) "las partes más grandes de la central, están en depósitos al aire libre: unas descubiertas (más oxidadas, es claro); otras en las "tolderías mapuches", como llaman los técnicos a montañas tapadas por plásticos negros que el viento sacude; otras en contenedores que el tiempo deterioró tanto que están reparados con la misma membrana que en una casa se usaría para tapar goteras. Son hectáreas y hectáreas cubiertas de piezas".

Asegura que "la sala de control desde la que se operará Atucha II parece salida de una película futurista antigua. Computadoras a las que se les nota el paso de los años, pero todavía sin estrenar. Más relojes con agujas que digitales. Todo denota compras hechas en los 80 o principios de los 90".

El cronista destaca tanto el entusiasmo de la dirección a cargo del proyecto ("ahora la decisión política está tomada, Atucha II se termina, tenemos todo el apoyo del presidente Kirchner y del ministro Julio De Vido"), como sus propias interrogantes sobre la vetustez de tanta tecnología.

"Obsoleto no es algo que es viejo, sino aquello para lo que no hay repuestos. Nosotros tenemos repuestos para 5 años de operación y garantía de que hay en el mercado al menos para 10 años más", es la respuesta.

El cronista reconoce también que las fuentes de Siemens consultadas guardaron hermético silencio sobre el tema.

 

¿Y ahora qué?

Greenpeace Argentina viene de calificar la decisión de reflotar Atucha II, como "la peor opción que el gobierno tiene frente a la crisis energética.

Avanzar con la terminación de Atucha II resultará en riesgos, basura y más deuda.

Este es un proyecto negativo, de alto riesgo, caro, tecnológicamente obsoleto, un legado de la dictadura militar", dijo Juan Carlos Villalonga, director de Campañas de Greenpeace Argentina.

"Querer reflotar este proyecto a raíz de la potencial crisis eléctrica que puede sufrir Argentina es un error, hay modos mucho más eficaces de encarar la crisis y de invertir el dinero del Estado", agregó el dirigente ecologista.

Greenpeace propone que los 480 millones de dólares que se han anunciado gastar para terminar la central nuclear sean dirigidos a impulsar un plan para desarrollar la industria eólica local.

"No podemos seguir subsidiando tecnologías peligrosas y con escaso futuro mientras que las energías renovables no poseen apoyo.

La Comisión Nacional de Energía Atómica ha venido ejerciendo un fuerte lobby para que se finalice el proyecto.

Terminar Atucha II sale por lo menos unas 20 veces más que cerrar el proyecto", concluyó. *


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