RAUL LEGNANI
Como en la época de Roberto Perfumo (defensa central de Racing argentino), Néstor Kirchner paró la pelota contra el pecho y de un boleo de derecha la pasó al otro lado del río, para devolvérsela al gobierno uruguayo y al Frente Amplio. No lo hizo por tierra porque su gente había cortado el puente sobre el Río Uruguay.
El ministro de Economía Danilo Astori había sugerido el pasado jueves 5, la posibilidad de trabajar por la construcción de un tratado de libre comercio con Estados Unidos.
En el Consejo de Ministros, el presidente Tabaré Vázquez propuso que se comience a estudiar esa posibilidad, aunque dijo que el programa del FA lo rechaza.
El Partido Socialista entendió que los acuerdos con EEUU deberían hacerse entre el Mercosur y la primera potencia mundial. Los trascendidos, nunca desmentidos, dijeron que Uruguay exigía que Argentina y Brasil deberían respetar a los socios de economías más pequeñas, como Uruguay y Paraguay. Trascendía, a la vez, que nuestro país podía solicitar permiso al Mercosur para dejar una pata en la región y poner otra en el norte.
Lula, presidente de Brasil, dijo el 19 de enero en Brasilia, luego de reunirse con Kirchnar: "Precisamos ser generosos con nuestros hermanos más pequeños". Todo parecía que volvería a la normalidad, a antes del 5 de enero.
Pero 24 horas después Kirchner filtró a cuatro diarios argentinos que "si Vázquez puede hacer un buen acuerdo (con EEUU), no se lo podemos impedir. De lo contrario, sería atroz. Brasil y Argentina están luchando para salir de una crisis económica muy profunda y si no se tienen los elementos necesarios para ayudar al socio menor no se le puede prohibir que haga un buen negocio". Con estas palabras el presidente argentino pareció alentar a la propuesta de Astori o está promoviendo, desde la lejanía, la renovación de contradicciones en el entorno de Vázquez.
Ahora el gobierno uruguayo y el Frente Amplio, que veían con expectativa el nuevo talante que mostraba Lula, se encontraron con que una vez más a los países grandes les importa poco establecer políticas comunes entre los cuatro países del Mercosur.
Por ello, desde este lado del río, habrá que volver a discutir si el tratado de libre comercio con Estados Unidos es una posibilidad real o no.
Como era de esperar las reacciones en el gobierno y el Frente Amplio no demoraron. El canciller Reinaldo Gargano dijo ayer en 1410 AM LIBRE que el tratado con Estados Unidos, para el gobierno, "está cerrado", porque si se lograra "sería un tratado con muchas limitaciones", debido a que en ese país hay 330 productos sensibles "entre los cuales están todos los productos nuestros".
En cambio aseguró que antes de un mes y medio, a iniciativa de Uruguay, se reunirá la Comisión Conjunta de Comercio e Inversiones que se creo en 1998 con ese país. "Queremos que Estados Unidos nos diga claramente cuánta carne nos va a comprar", dijo confiando en aumentar las exportaciones.
A la vez el diputado Luis Rosadilla (MMP) asegura que nuestro país "nunca pidió" permiso al Mercosur para establecer un tratado de libre comercio con Estados Unidos. "Todo esto se está construyendo no sobre la realidad, sino sobre las declaraciones de Astori", agregó.
Por su parte el senador de Asamblea Uruguay, Carlos Baráibar, se mostró optimista y comentó a un medio radial: "Creo que estas declaraciones de Kirchner tienen el valor de flexibilizar la situación, de abrir la posibilidad de examinar todas las alternativas pero, a la vez, ese análisis debe ingresar en uno de más profundidad dentro de la fuerza política y del propio gobierno, ya pensando en los términos de Astori. Tenemos que argumentar, poner razones y examinar los distintos aspectos para ir pensando que esa (el tratado de libre comercio con Estados Unidos) puede ser una solución".
El polémico tema ha vuelto a instalarse en nuestro país. El lunes se reúne la Mesa Política del FA y allí puede haber un primer escenario de debate. Pero por lo general en la Mesa se resuelve muy poco, aunque se discute mucho. *
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