Lunes, 23 de enero, 2006 - AÑO 9 - Nro.2080
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Según Busti, "en Uruguay me quieren demonizar y yo no busqué protagonismo"

Argentina da por perdida esta etapa del conflicto por papeleras y cambia de planes

Un análisis periodístico en el diario Clarín y una entrevista al gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, en el diario La Nación, dan el marco para el giro en el gobierno argentino con respecto al diferendo por la construcción de las dos plantas de celulosa en orillas del río Uruguay.

 Los corte de ruta pierderían el apoyo oficial de Argentina.
Los corte de ruta pierderían el apoyo oficial de Argentina.

Algunas versiones periodísticas indican que desde la Casa Rosada se reconoce que el conflicto se le escapó de las manos al gobierno argentino y que por lo tanto ha decidido acotarlo; esto coincide con las declaraciones de Busti, quien dijo que es mejor no nacionalizar sino provincializar la crisis, y aceptó la calificación del presidente Néstor Kirchner acerca de que es un conflicto "ambiental".

El analista Julio Blanck escribió en el diario Clarín que "Kirchner escuchó las voces moderadas de su entorno y entonces decidió abrir una válvula de escape a la presión acumulada con Uruguay. El gobernador Busti ya fue noticiado del cambio de clima".

"(...) La queja de Gualeguaychú por la eventual contaminación de su aire y sus aguas comenzó a crecer sin que desde el poder supiesen cómo ni dónde pararse. El gobernador Jorge Busti buscó transformar el pecado en virtud: se puso al frente de las protestas, sintiendo que si no lo hacía el reclamo lo arrastraría sin remedio.

El presidente Kirchner hizo una elección parecida, intentando gambetear el costo político: envió a Rafael Bielsa, cuando era canciller, a una asamblea en Gualeguaychú para recoger las quejas de los vecinos; su sucesor, Jorge Taiana, acaba de cuestionar un informe técnico del Banco Mundial que rebate los pronósticos apocalípticos sobre contaminación.

El conflicto escaló sin barreras. Se cortaron rutas impidiendo el tráfico fronterizo. Las palabras se hicieron demasiado duras. Y aparecieron los mediáticos y bien financiados militantes de la internacional ecológica, que tienen la capacidad de colocar estos temas en escenarios incómodos para gobiernos y empresas.

Al fin, Kirchner escuchó las voces moderadas de su entorno. Y en su paso reciente por Brasilia coincidió con Lula en que los socios grandes del Mercosur deben hacer más habitable la alianza regional para los socios menores. Entonces decidió abrir una válvula de escape a la presión acumulada con Uruguay. El gobernador Busti ya fue noticiado del cambio de clima.

Las protestas quizás se acrecienten, como respuesta a la distensión política. Siempre hay una zona impredecible en la evolución de los hechos.

Pero cuando la diplomacia haga su trabajo con el apoyo político necesario, en el final del camino puede haber un organismo bilateral, con asistencia técnica internacional, que controle la contaminación y ponga en debido resguardo a los compatriotas de Gualeguaychú. Aun así, algo es inevitable: el negocio quedará del lado uruguayo (...)".

 

Busti no insistirá ante Kirchner por más apoyo

Por su parte Busti, gobernador de Entre Ríos, en una entrevista con Evangelina Himitian, del diario La Nación, reconoció entre otras cosas que los cortes de ruta han tenido más efectos negativos que positivos. Dijo sentirse respaldado por el presidente argentino aunque reconoció que él tiene sus límites: por ejemplo no puede romper relaciones diplomáticas con Uruguay o invadirlo.

 

"(...) -¿Qué evaluación hace de los cortes? ¿Fue positivo hacerlos?

-Posiblemente no. En realidad, tuvo más un efecto negativo (se detiene, mide sus palabras y aclara). Quiero decir, que exacerbó el nacionalismo, y le permitió a Uruguay entonces llevar a ese terreno la discusión técnica. Pero era inevitable.

 

-¿Va a seguir permitiendo los cortes?

-Nosotros tenemos la misma política del gobierno nacional. Nada se hace por la fuerza. No justifico los cortes, pero la sociedad civil sabe que es el modo más eficaz de llamar la atención en verano.

 

-Al comenzar el reclamo, ¿se sintió respaldado por el Presidente?

-Siempre me sentí apoyado, pero él tiene sus límites. No puede invadir Uruguay ni romper relaciones diplomáticas. Tiene que tener en cuenta qué ocurre en el Mercosur y tiene otros asuntos. No podemos, nosotros como gobierno provincial, exigirle más al gobierno nacional.

 

-¿Significa que en términos políticos no va a insistir con el reclamo hacia Kirchner?

-Como gobierno, no. ¿Qué más le podemos pedir? Hay una posición muy cerrada de Uruguay. Teníamos muchas expectativas con el cambio político allá. Pero éste es el gran triunfo de la derecha uruguaya: que la izquierda continué sus proyectos y exacerbe el nacionalismo.

 

-¿Cómo le cayó la frase de Kirchner sobre que esto es "un tema ambiental"?

-La frase es correcta. El lo ubicó en su contexto. Es un problema ambiental. Yo no tengo un conflicto político; tengo un conflicto ambiental.

 

-¿Siente que lo dejaron solo?

-No lo siento como falta de apoyo. El actuó como presidente. La frase está bien, le quita al conflicto el carácter "nacionalista" y "patoteril" que le quiere dar Tabaré. Este es un conflicto ambiental y hay que resolverlo en términos ambientales.

 

-¿No es también un conflicto económico, político e internacional?

-No. Por parte de Uruguay lo quieren politizar. Quieren demonizarme a mí.

 

-¿Este conflicto lo coloca a usted en el centro de la escena?

-Yo no busqué protagonismo. Si yo saco un decreto de prohibir los cortes, la sociedad va a seguir movilizada.

 

-¿Eso tendría un costo político?

-Por supuesto.

 

-¿Por qué cree que Uruguay respalda esta inversión privada, aunque signifique ir a un conflicto internacional y tener accesos bloqueados?

-Cuando hablamos con el jefe de gabinete uruguayo nos dijo que esto era parte de la "herencia maldita". El acuerdo ya estaba cerrado antes de que ellos llegaran al gobierno. Tienen un complejo por ser el primer gobierno de izquierda y temen quedar como marxistas retrógrados.

 

-¿Cree realmente poder detener una inversión de miles de millones?

-Yo creo que no. Pero se puede hacer sin tal impacto ambiental.

 

-¿Cuál sería una solución?

-Después de leer un informe de Greenpeace he concluido que los dos países deberían conformar una comisión que estableciera normas de producción para estas dos papeleras y para las tres de este tipo que hay en la Argentina: dos en Misiones y una en Capitán Bermúdez, en Santa Fe.

 

-¿Qué opina del anuncio del gobernador de Misiones, que dijo que le gustaría que las plantas se radicaran allí?

-Estamos llenos de oportunistas políticos. Basta con pasar cerca de las plantas papeleras que hay en Misiones, el olor que hay no permite respirar. Rovira aprovechó el momento.

 

-¿Impulsar el proyecto de Greenpeace es una respuesta a Rovira?

-No, por favor. Para mí, Rovira no es nadie.

 

-¿Usted quiso atraer esta inversión a Entre Ríos hace unos años?

-Esa es una burda mentira. En 1996 recibí a un grupo de canadienses que querían instalar una papelera. El expediente tiene tres hojas. No volvieron más.

 

-¿Interrumpir la libre circulación no atenta contra el Mercosur?

-Para nada. Y en Buenos Aires tendría que haber más conciencia de que la contaminación va a bajar al Río de la Plata. Es una cuestión nacional". *


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