Hoy se firma, si no hay nuevas demandas de última hora, la transferencia de Calnu a una empresa estatal. Una nueva época para una vieja historia, aunque los resultados no están garantizados.
El convenio supone que la empresa Alcoholes del Uruguay (Alur), propiedad de Ancap (90%) y la Corporación Nacional para el Desarrollo (10%), compran al Banco República la millonaria deuda de Calnu y ejecutará para comprar las instalaciones. En lo inmediato, arrienda la planta a los propietarios; o sea, se hace cargo desde ahora.
El plan es financiar la plantación inmediata de unas 3 mil hectáreas con los ex fondos de reconversión azucarera del BROU. En unos tres años la extensión subiría a 10 mil, lo que generaría 6 mil puestos de trabajo.
Para esa altura se habría montado en El Espinillar una planta para elaborar, a partir del azúcar, alcohol para motores a combustión (biodiesel).
En Alur habrá un consejo consultivo integrado por gremios de la zona.
En la década del 50, y más tarde en la Revolución Cubana, el autoabastecimiento de azúcar comenzó a ser considerado materia estratégica por los países. En la misma época, la industria protegida y sustitutiva de importaciones para el mercado interno era el objetivo de la política económica.
Así se multiplicaron las plantas azucareras, entre las cuales estaba Calnu, una cooperativa de productores de Bella Unión, zona donde era competitivo plantar caña. En el resto del país la elaboraban a base de remolacha.
La empresa subsistió hasta el Mercosur, que significó un cambio de objetivos económicos, centrando los incentivos en la producción de bienes exportables, más que en impedir las importaciones con subsidios.
Azucarlito se adecuó al cambio importando melaza brasileña para procesarla en Paysandú. Calnu no tuvo esa flexibilidad y cerró. El drama fue la repercusión en la población, sobre todo porque no devaluar cuando devaluó Brasil en 1997 acarreó también el cierre de la procesadora de verduras congeladas de la zona (marca Calagua).
Además de mano de obra calificada, Bella Unión cuenta con una red de pequeños productores y con la red de riego más grande del país, instalada a costo millonario y actualmente casi sin uso.
La respuesta del gobierno anterior fue el fondo para reconversión, o cambio de rubro.
El programa del gobierno preveía la reactivación de la plantación de caña. El 1º de marzo lo prometió Tabaré Vázquez y el 9 de junio se realizó un Consejo de Ministros en la ciudad, donde se avanzaron lineamientos. El problema en ese momento era proteger a Calnu sin destrozar Azucarlito ni subir el precio del azúcar al consumidor. "Que generar cien puestos de trabajo en Bella Unión no haga perder doscientos en la industria del dulce", como lo puso un economista.
Poco después vino el presidente bolivariano Hugo Chávez y propuso financiar la planta de biodiesel. En esas semanas, el precio del petróleo se había disparado y el biodiesel parecía justificar todo el proyecto. Ancap se sumó al proyecto porque veía imprescindible diversificar la matriz energética con un componente no importado.
Las negociaciones con Calnu no fueron fáciles. En diciembre aún persistían en intervenir en la operativa futura de la planta. Lo contrario, "sería como entregar a terceros algo por lo que luchamos treinta años". Ancap se mantuvo firme. Su vicepresidente, Raúl Sendic, recordó entonces que el objetivo era producir alcohol a un mínimo precio, no repartir beneficios.
Hoy se firma, y todos más o menos contentos. Pero no es gratis. Entre todos, pagaremos setecientos dólares por hectárea en subsidios. Dentro de tres años, esta recuperación nos costará siete millones de dólares, sólo por subsidios. *
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