ISIDORO GILBERT
La participación del rey Juan Carlos en cuanto a buscar una manera de destrabar la controversia argentino-uruguaya por la construcción de las pasteras en Fray Bentos tiene su historia secreta. Fue, según fuentes inmejorables, una idea que el canciller Moratinos le trasladó al gobierno argentino la semana pasada durante su visita, mezcla de compromiso oficial con una ocasión para que el español bajara sus decibeles de actividad. Encontró eco tanto en el canciller Jorge Taiana como en el jefe de gabinete, Alberto Fernández, por lo que se quedó en que el bordado final, el modo en que la idea se presentaría, se iba a concretar en Montevideo, en el encuentro entre Néstor Kirchner con el jefe del gobierno español, Rodríguez Zapatero. Así fue, aunque la paternidad de la gestión la tomó el presidente argentino como propia. En círculos políticos locales la iniciativa, sin importar quién se atribuye el copyright, ha caído muy bien. Se trata de asumir la necesidad de una negociación ayudada por un tercero, cosa que Kirchner hasta ahora se negaba. España como país europeo, acaso pueda tener más suceso que Lula, que quiso pero no lo dejaron jugar el papel del rey Juan Carlos. Ser europeo significa tener mejor acceso al gobierno de Finlandia, a la propia Botnia y a la española ENCE. Tal vez, comentan por acá, de alguna manera habría que tomar en cuenta al sector razonable de Gualeguaychú. A los duros de ese sitio la iniciativa no les cae bien, dicen.
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