ANTONIO PIPPO
Se han aprobado en la Cámara de Diputados nuevas normas para darle herramientas a Colonización, a fin de repoblar la campaña. Esto tiene que ver, además, con el problema de la tenencia de la tierra en el país. Para contextualizar el tema, ¿de cuántas hectáreas dispone hoy Colonización?
Uruguay tiene un debe muy importante en la definición de políticas legales respecto de la tenencia y uso de la tierra. Entendemos que debe haber una visión del Estado en cuanto a la preservación del uso de su territorio. ¿Por qué? Si nosotros dejamos librado esto al azar, que es la mano del mercado, un conjunto de decisiones estratégicas puede verse comprometido y el futuro de Uruguay empeñado. A veces es difícil que se comprenda la necesidad de abordar, en la discusión no sólo parlamentaria sino involucrándonos todos, el avance en la materia legal. Porque si no tenemos leyes que determinen reglas de juego diferentes, la realidad va a replicar lo que ha venido pasando en los últimos años. Los datos de la Dirección de Estadísticas del Ministerio de Ganadería son más que contundentes en la cantidad de tierra que se vendió entre 2000 y 2006: el mayor porcentaje pertenece a predios de menos de 1.000 hectáreas; por ejemplo, se han hecho 9.856 operaciones de venta de campos de 10 a 100 hectáreas y 2.000 operaciones con campos de 1.000 hectáreas. Si lo vemos de otro modo, se han vendido 720.000 hectáreas de predios de entre 200 y 500 hectáreas; y 913.000 hectáreas de campos de 500 a 1.000 hectáreas. Esto equivale a más del 23% de la superficie total del territorio nacional.
¿Son compras hechas por extranjeros o por sociedades anónimas?
Hay de todo. En los últimos años, a partir de la explosión de la forestación, uno de los elementos más determinantes, ha habido una multiplicación de la venta de tierras, más de 3.000.000 de hectáreas, en términos generales, por capitales extranjeros. Esto, sin lugar a dudas, va a determinar una nueva realidad para la producción si no tomamos medidas que apunten, en el largo plazo, a que la producción familiar de la tierra tenga determinadas prioridades protegidas por el Estado.
¿Y lo de Colonización? Digo, antes de lo que puedan producir las nuevas normas legales elaboradas.
En Uruguay ha habido diferentes procesos sobre las políticas colonizadoras. Hubo un primer proceso, impulsado básicamente en el período batllista, sin muchas normas ni organismos legales para definir políticas colonizadoras, en el cual, de 1905 a 1923, se colonizaron 21.418 hectáreas. En el período de 1923 a 1947, cuando se incorpora el Banco Hipotecario, un departamento de Colonización, etcétera, se colonizaron 199.435 hectáreas. Y en el período 1948 a 2007, o sea en el período en que se aprobó la ley Nº 11.029, que dio una herramienta mucho más pulida, se colonizaron 362.810 hectáreas. Ello implica que todavía no se ha superado el promedio anual de hectáreas compradas por Colonización en el período anterior a esa ley fundamental. Por eso nosotros impulsamos nuevas normas para cambiar esa situación, a partir de la coyuntura que se está generando. Necesitamos más tierras para Colonización. Pero vea qué dato más interesante: en los últimos dos años de este gobierno, el total de hectáreas colonizadas llega a 17.687. O sea que en ese período se ha levantado el promedio histórico de compra de tierras por Colonización. Esto indica la voluntad política de este gobierno de avanzar en esa dirección. Ahora, si yo lo comparo con el período 2000 a 2004, Colonización adquirió sólo 45 hectáreas. En estos dos años, con todas las dificultades que ha tenido, Colonización ha adquirido más tierras que en los últimos quince o veinte años anteriores. No quiere decir que se haya resuelto todo. Porque uno de los problemas que se han detectado es que se puede tener la herramienta, pero si no se la alimenta, si no se le saca brillo todos los días, si no se dan los recursos, bueno, tendremos la mejor ley pero grandes problemas para aplicarla. Hoy, al modificar artículos de la ley, que fue lo que hizo Diputados para que el proyecto vuelva al Senado, le damos mayores herramientas a Colonización para tener más tierra y actuar...
¿Puede haber ahí sobre todo en su cabeza, ya que usted ha sido un promotor de todo este proceso una idea de cuántas hectáreas, idealmente, deberían estar en manos de Colonización?
No sé si hay que determinar un techo. Sí entiendo que debe haber un empuje muy grande. Sobre todo porque mire qué realidad se da: aunque no tengo los números exactos, le puedo decir que a partir de 2005 la cantidad de aspirantes a colonos inscriptos en el Instituto casi se triplicó. Y uno, recorriendo el país, ve cosas muy concretas. Por ejemplo, un conjunto de productores ganaderos chicos, en Villa del Carmen, hace años que venía solicitando tierras porque, aunque a la gente le cueste creerlo, sus animales pastaban en la vía férrea o en las veredas. Si nosotros no somos conscientes de que la producción familiar es fundamental en el proceso al que estamos abocados como país, si perdemos la mano de obra rural, vamos a estar muy mal. Las características de este país se pierden. Si pasamos a ser una gran estancia latifundista, esto no camina.
Se van perdiendo oficios rurales, también...
Costumbres de trabajo. ¿Usted puede creer que hoy en muchos pueblos del Interior cueste encontrar un alambrador? ¿Que en muchas casas de la campaña, con hermosos fondos, no se plante una lechuga, un tomate, una acelga? ¡Es una cuestión cultural la que estamos perdiendo! La transmisión de valores...
Mire, yo he llegado a decir, y le pido que me aclare si estoy errado, que si este país no vuelve a radicar en su campaña a dos tercios de la población, va a dejar de ser viable... Porque hemos estado asistiendo a la corriente contraria: la gente yéndose de la campaña a engrosar, multiplicándolos, los cinturones de miseria de Montevideo y de las propias capitales departamentales.
Yo creo que la primera batalla es tratar, en este período, que ningún paisano más se vaya de su lugar. Porque no sólo es el hecho de las presiones económicas, de la venta de la tierra, sino que también está la cuestión cotidiana. Un tipo que tenga a su mujer y a sus gurises viviendo en el campo y que tenga problemas de acceso a buena caminería y que todo le quede lejos, en algún momento la mujer y los hijos se le van a ir para el pueblo. Ahí empieza a cortarse el asunto. O esa familia se rompe o el hombre también se va para la ciudad, vende el campo o no lo arrienda más...
Yendo a eso, ¿usted tiene seguridad, certeza de que va a hallar, para este esfuerzo, su correspondencia en otras áreas del gobierno que en esto son fundamentales? Qué sé yo, los ministerios de Ganadería, de Industria y de Transporte y Obras Públicas, la ANEP, Antel, UTE, en fin...
Sí. Todos estamos dando una batalla muy grande para romper las paredes de una estructura del Estado... Porque a veces no nos damos cuenta de que para definir políticas en este sentido, que el país no las tenía diseñadas, hay que crear una herramienta que esté acorde con ellas. ¡El Estado uruguayo no estaba para eso! Hasta ahora, a lo grueso, se decía que el mercado marcaba la cancha. Usted tiene, por ejemplo, un Ministerio de Ganadería que fue desmantelado. En estos temas es muy fácil perder los objetivos. Porque yo, independientemente de estar en el gobierno o no, tengo que ser consciente de que si no asumimos políticas que definan una estrategia, un horizonte diferente en las políticas agrarias, estoy matando al país. Creo que hay un avance, con dificultades, pero lo digo con cierta propiedad porque al vivir en el Interior veo avances grandes. En mi departamento, Rocha, por ejemplo, uno de esos avances es cómo se coordinan políticas con los ministerios y con los diferentes organismos del Estado en el territorio, teniendo en cuenta lo que dice la gente. Esa es una forma muy diferente de hacer política y de tomar decisiones en el país.
¿Es posible que en esa dirección ayude mucho el proyecto de descentralización al que está apuntando la OPP?
Sí, sí. Yo creo que hay un conjunto de medidas. Cada proyecto, en sí mismo, tiene su importancia sobre el objetivo final. Pero debemos ver las medidas en su conjunto, cómo apuntan al todo. Las políticas de descentralización son necesarias. Y hay una cosa que este gobierno se puede estar de acuerdo o en contra, pero creo que es indiscutible está haciendo con la mayor celeridad y compromiso: dar herramientas para tomar decisiones que horizontalizan la forma de hacer las cosas. Ahora, me di cuenta de una cosa: tenemos grandes errores. En un encuentro de aspirantes a colonos la gente decía: "¿Cuándo Uruguay va a votar una ley de sociedades anónimas para la tierra como la que tuvimos?". ¡Ya está votada! Hay un plazo de dos años para regularizar las tierras que sean propiedad de sociedades anónimas...
Hay gente que ni se enteró...
Nos cuesta todavía transmitir, porque... Bueno, pasa que también hay compañeros de la izquierda que creen que este tipo de cosas es como...¿de qué forma lo digo...? Chiflar y comer gofio... Y no, esta ley que nosotros votamos, que nos llevó meses discutirla, una de las virtudes que tiene es que incorporó el aporte de una gran cantidad de gente. No es una ley construida por cinco representantes, rodeados de este mármol del palacio...
Sí, no es cosa del microclima político...
¡Seguro! Ese es un microclima muy diferente, que te hace ver las cosas de diferente lugar, una ventana muy distinta a la que ve la gente. Acá hubo un proceso de discusión y debate que involucró a todas las miradas. Nosotros somos responsables de haber votado lo que votamos, pero estamos respaldados. Hacia ahí tenemos que seguir caminando... Y en la comisión que yo integro decimos que hay que recomponer a este barco, que tenía una dirección única, un modelo único. Yo sé que hay quienes dicen: "Bueno, el modelo no ha cambiado acá". En fin, cada cual hace propaganda política como quiere, pero yo soy un convencido de que salir del modelo que teníamos incrustado en este país no es una cuestión sólo de discurso, es algo de ir caminando con pasos concretos que empiecen a romper esas referencias del modelo anterior. Ahora, si no es avanzar sobre un modelo diferente, cambiar la forma de propiedad de la tierra, eliminar las sociedades anónimas, cambiar el proceso de forestación, incluir el sistema de trazabilidad, aprobar la ley de descentralización agropecuaria, que crea en cada departamento los Consejos Agropecuarios, que serán los que tomarán las decisiones en cada territorio... Esta semana el ministro Mujica lanza los Consejos en varios lugares del Interior. No nos damos cuenta, pero eso es...
O sea, esa gente tendría potestad para determinar si acepta o no, por ejemplo, una gran empresa forestal...
Esos Consejos van a tener la potestad, en cada lugar, de definir las prioridades de la política agropecuaria. Están integradas las intendencias, el ministerio, los productores, absolutamente todos los que tienen que ver con la producción agropecuaria. Eso es de lo que estamos hablando hoy: redireccionar la estructura de los aparatos del Estado para conseguir un modelo diferente. Porque yo puedo votar todos estos proyectos de ley, pero si no tengo una acción ágil del ministerio, que esté acorde a este proceso, bueno, no sirve para nada...
Ahora bien, si uno piensa en un esquema donde estén esos Consejos y voy a hacer de abogado del diablo en cada departamento, ¿no se plantea el riesgo de crear una concepción casi federal de las decisiones y que no haya un plan matriz que diga hacia dónde debe ir la producción agropecuaria?
Obviamente que toda transformación y no una transformación que apunte a un lavadito de cara tiene ese riesgo. ¿Sabe? Nosotros somos muy conservadores, los de izquierda y los de derecha. Cuando queremos cambiar una forma que viene de tantos años, nos cuesta. Y es lógico. Si yo me acostumbré hasta los cuarenta años a comer asado y tomar vino, y un día viene el médico y me dice "mi amigo, usted tiene problemas de presión, su máquina se está jodiendo, así que ahora me empieza a comer lechuguita, tomatito...", ¡y yo lo voy a sentir horriblemente! Me voy a sentar a la mesa y voy a extrañar un buen pedazo de carne. Bueno, eso nos pasa también en la cotidiana cuando hablamos de transformaciones. Además, somos un país que cuando hablamos de solidaridad... Lo digo con respeto, pero acá hay mucha gente que cree que solidaridad es abrir la puerta de un ropero, sacar algún trapo y regalarlo al que no lo tiene. Solidaridad es un concepto mucho más amplio, abarcativo, profundo. No es lo que me sobra o lo que no uso. Hay que ser solidario en todos los momentos de la vida. Hay que tratar de ganarle a la mentalidad garronera que ha habido... Y en este tema de la tierra, un país con las características de éste, donde la agropecuaria es una base fundamental no sólo de la economía, no podemos darnos el lujo de que en tierras de Colonización haya gente hoy que no tiene el perfil de colono.
¡Ah, no! En eso está todo el mundo de acuerdo. Yo me refería, insisto... Se lo voy a plantear de otro modo. Supongamos que este país arma su política económica, que está basada, con un peso específico muy fuerte, en el ministerio competente; y que, bueno, esa política económica dice "necesitamos la inversión extranjera en forestación", por manejar un simple ejemplo. El asunto es que hay una capacidad de tierra aprovechable limitada, no infinita. ¿Eso se está coordinando, o puede surgir alguna contradicción?
Se está coordinando. Puedo poner ejemplos. Cuando se votaron en el Parlamento las modificaciones a la ley forestal, implicó esencialmente que se empiece a cambiar, de forma gradual, a partir de 2005... Porque cuando asumió este gobierno, tenía dos opciones con respecto a la forestación: desconocer lo que había o corregir las políticas establecidas. Se cometieron errores graves, que se pagan caro. Por ejemplo, de las 730.000 hectáreas forestadas, 250.000 fueron forestadas en zonas no autorizadas para ello, producto de decretos que se fueron aplicando en gobiernos anteriores, pese a que tenían la opinión técnica contraria de sus propios organismos. Este gobierno eliminó esos decretos, eliminó subsidios, empezó a corregir políticas que apunten a que la forestación sea más selectiva, que se foreste determinado tipo de madera que genere más mano de obra, mayor valor agregado... Pero esto es un proceso.
En las políticas forestales va habiendo una transformación, y es del gobierno, no sólo del Ministerio de Ganadería, porque incluso en la reforma tributaria se incluyó... Porque el sector forestal no pagaba un peso y hoy las maderas finas, que aprovechen más mano de obra, están exoneradas pero las otras empiezan a pagar. Incluso está la posibilidad de aplicarles una tasa especial para la caminería rural. Puede haber alguien que diga "va más lento" o "va más rápido", no tengo dudas, pero lo que nadie puede discutir es que se están haciendo importantes modificaciones graduales.
Se ha dicho repetidamente que una de las producciones agropecuarias más afincadoras de la familia en la tierra es el tambo. Hay algunas zonas lecheras naturales, que lo han sido toda la vida, como San José o Florida. Pero Mujica ha dicho que un avance puede ser que algunas empresas forestales, en algunos espacios entre monte y monte, permitan la instalación de unidades de lechería. ¿Eso es racional a la hora de expandir la lechería, que se dice que no tiene techo?
Ahí hay un punto esencial: las decisiones, desde el punto de vista del Estado, en cuanto al uso de la tierra. En el Senado hay un proyecto de ley de ordenamiento territorial que tiene una mirada global en ese sentido. No puede ser que exista en el territorio, porque al capital X se le ocurra, lo que no conviene. El dinero no se preocupa de preservar nada, sino de cómo sacar más rédito a corto plazo. La mirada que debe tener el Estado es en ese sentido. No tengo dudas de que la lechería va a terminar siendo uno de los rubros, en las políticas agropecuarias, capaces de convertirse en el eje dinamizador de la radicación de la gente en el campo. Pero, vuelvo a decir, eso va a ser gradual, más allá de que, es cierto, la lechería no tiene techo. Eso determina cosas para bien y para mal en un paisito como el nuestro, donde la producción primaria es esencial. La suba de determinados precios en las últimas semanas está directamente relacionada con estas cosas.
¿Usted cree que hay algunos rubros productivos que es necesario preservar? Ya hablamos de la lechería. ¿Hay otros para facilitar que la familia se radique otra vez en la campaña?
Creo que en esto no hay que cerrarse, sino tener una visión de muy largo plazo: cómo el país define políticas que preserven que determinado estrato social del trabajo rural no perezca. Porque estamos ante ese riesgo. Uruguay ha tenido en los últimos años un fuerte incentivo a la producción forestal, por otro lado es ganadero... Yo creo que hay que acordar, buscar el equilibrio. Incluso prepararse para coyunturas a primera vista favorables, como el aumento de los precios internacionales, de modo que no nos desequilibren la producción ni el consumo interno. Es un proceso gradual y, en aquellas actividades que redistribuyen mayor riqueza, como la lechería, creo que hay que prestar especial atención. *
¿Hay ambiente para darle prioridad a las formas asociativas, caso de las cooperativas?
Claro que sí. Acá hay una cosa clara. Si no logramos romper en nuestras cabezas ese esquema de la visión individualista, si no logramos entender que juntando aquellos productores con un mismo perfil las cosas van a ir mejor, no se van a lograr las políticas que deseamos. En todo esto, el asunto central es: estamos generando políticas de crecimiento, ¿verdad? Nadie discute el crecimiento de la economía. A medida que hay más crecimiento, la discusión se acentúa sobre la distribución de esa riqueza. Por eso estamos hablando de formas de producción que hagan más fuertes a los sectores más chicos. Porque son políticas de Estado para aquel que, por sí solo, no tiene fuerza. Esas son las políticas colonizadoras. Todos los uruguayos invertimos en tierras para que aquellos productores con sus manos, nada más, puedan establecerse, puedan producir. Eso para nosotros es sagrado. Y en ese andamiaje las formas asociativas, de cooperación, son esenciales. Es un proceso y cualquier monedita sirve. Voy a poner un ejemplo: si yo le doy un pedazo de tierra, ¡ah, aplaudimos, Pippo tiene tierra! ¿Pero qué pasa si al otro día usted se está martillando los dedos? ¿Qué hace con un pedazo de tierra si no tiene las herramientas para trabajar? ¿Si tiene que hacer veinte kilómetros a caballo, pasando cañadas? ¿Si sus gurises tienen escuela a más de treinta kilómetros? ¿Y si no tiene luz? Uno de los procesos más claros de los últimos años ha sido la escuela rural. Un día dijeron: "No tengamos tantas escuelas rurales, concentremos, pongamos ómnibus y llevemos a los niños". Y se cerraron escuelas, se vendieron, se remataron. Por suerte hoy estamos empezando a revertir ese proceso absurdo. *
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