Raúl Legnani - ANALISIS DE DOMINGO A DOMINGO
En los últimos diez días la interna del Frente Amplio vivió situaciones de tensión y no por temas menores: las precandidaturas a la Presidencia de la República y a la presidencia de la coalición de izquierda, son la inquietud de los frenteamplistas.
Algunos creyeron divisar el final de la izquierda o el comienzo de una guerra generalizada intestina.
Lo cierto es que después de la reafirmación de la renuncia de Tabaré Vázquez a acceder, nuevamente a la Presidencia de la República, hubo momentos de convulsiones pero no existió ningún insulto, ni nada fuera de lugar. Muy lejos estuvo el talante frenteamplista de aquella guerra salvaje que vivieron los blancos en 1999, cuando Juan Andrés Ramírez destapó la Caja de Pandora en claro enfrentamiento al doctor Luis Alberto Lacalle.
No hubo guerra interna, como quieren hacerla parecer la derecha y ciertos periodistas de izquierda, pero sería idiota hacer creer que en el Frente Amplio no hay problemas. Los hay, pero la serenidad de las últimas horas cambió el rumbo de un proceso que alumbraba mal.
El papel del líder
No hay más perro que el chocolate, por más que algunos digan que primero va el programa y después los candidatos: el debate central de la izquierda es definir cómo el FA sigue en el gobierno y quién es el timonel del cambio. Lo que se discute es la estrategia para darle continuidad al cambio, desde el gobierno, y quién es el candidato que va a encarnar ese proyecto.
Basta mirar la historia del FA, desde 1971 a hoy, para darse cuenta que el programa fue construido junto a quien iba a ser el candidato a la Presidencia de la República. Ni Tabaré Vázquez, ni Líber Seregni, recibieron los platos absolutamente servidos en materia programática, aunque siempre existió elaboración previa. Si tomamos el caso de Seregni, es bueno recordar que habló como candidato el 26 de marzo de 1971 y recién lanzó las primeras 30 medidas de gobierno el 25 de agosto de 1971.
No muy distinto fue Vázquez en 2004, que a través de seminarios y encuentros fue ajustando las ideas básicas de un programa que previamente habían sido reseñadas en la Comisión de Programa del EP/FA/Nueva Mayoría y que recibió importantes aportes de la sociedad organizada. Por eso quienes quieren tirar el chico lejos y dicen que este no es el momento de hablar de candidaturas y que primero es el mágico programa que es importante y básico para el éxito de un gobierno, más si es progresista desconocen el papel del individuo en la historia (recomiendo leer a Plejanov, aunque el libro esté apolillado) o están manejando los tiempos para incluir en el menú de las candidaturas al suyo propio. Por consenso o por elección, lo primero es el candidato.
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