Ya no tendremos su voz carrasposa al teléfono, ni tampoco su buen humor a flor de piel.
Esta mañana cuando el maldito aparato sonó en la redacción fue para traernos esa noticia que nunca hubiéramos querido escuchar: murió Ricardo Arbiza.
Casi desde la aparición de LA REPUBLICA, Ricardo se desempeñó como nuestro corresponsal en Río Negro. Allí también editaba un periódico y de vez en cuando, cuando las fuerzas le daban, una revista de humor. Antes, trabajó para varios e importantes medios uruguayos.
Dedicó toda su vida a esta profesión de contarle a la gente lo que pasa, con la pasión y entrega que nos consume a todos los que la abrazamos como actitud de vida, sin pensar en glorias y bienes materiales.
El Flaco era un hombre sabio, de esos que aprendió tanto de la vida, que no tenía pudor en reírse de sí mismo y de la cruel enfermedad que lo estaba minando de a poco.
Hoy en esta redacción no se hará silencio porque sabemos que es lo que él nos hubiera dicho: "¡vamo' arriba carajo! que hay que sacar el diario". Pese a todo, pese al dolor.
Ahora lo imaginamos riendo y diciendo rezongón: "¡Qué pelotudos! no saben que yo no morí, sólo salí por un ratito".
Pues nosotros te seguiremos esperando como antes, como cuando caías por aquí de tardecita, cuando más tensa estaba toda la redacción y lograbas arrancar carcajadas.
Nos faltará tu tozuda convicción; tu entrega; la defensa acérrima que hiciste de tus pagos y el periodismo del Interior. En cambio, nos sobrarán buenos recuerdos y todo el afecto que sembraste en estos casi 12 años que vivimos juntos.
¡Hasta siempre Ricardo! Te extrañaremos mucho.
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