Luis A. Carro
Vecino de Nueva Helvecia hasta los 20 años, Julio consolidó en ese medio diversidad de lazos de afecto y amistad. Allí estudió Preparatorios e hizo deportes. Allí residen aún sus hermanos José Manuel y Artigas Luis, este último ejerciendo su actividad en el campo de la Medicina.
"Cuando mi hermano desapareció, yo estaba en el exilio", recuerda José Manuel en diálogo telefónico con LA REPUBLICA. "Para nosotros, como se imaginará, fue un impacto terrible, pero siempre estuvimos convencidos de que algún día la verdad se iba a imponer, y nos parece que así va a ocurrir a través del trabajo que viene desarrollando la Comisión para la Paz". Para José Escudero, el "motor fundamental" para el esclarecimiento del caso es, desde un primer momento "Rosa, la esposa de Julio: ella ha golpeado todas las puertas y hasta superó un problema físico importante para seguir adelante buscando alguna luz, por más chiquita que fuera, que nos iluminara".
Rosa Martínez de Escudero vive en Shangrilá (Canelones). Sus evocaciones de la tragedia se mantienen indelebles como en aquel momento, a pesar de los largos años transcurridos, y así fluyeron --precisas, ordenadas-- cuando este corresponsal se puso en contacto con ella en la tarde de ayer.
"Cuando Julio se vino de Nueva Helvecia a Montevideo, empezó su carrera como bancario. En el momento de su desaparición era empleado del Banco Hipotecario".
"El 29 de octubre de 1976, a las cuatro de la tarde, se comunicó conmigo por teléfono para avisarme que se dirigía a una reunión, y que a las 20 horas me volvería a llamar", señala Rosa y subraya: "pero no hubo segunda llamada, porque después de la primera comunicación lo secuestraron".
Con voz firme describe la etapa siguiente: "allanaron nuestra casa en la calle Pilar Costa Nº 68, en el Paso Molino, y allí durante una semana se instalaron efectivos del cuerpo de Fusileros Navales".
Todo aquel cuadro de horror tuvo un testigo silencioso, Natalia, hija del matrimonio, quien en ese entonces contaba con sólo 2 años de edad. "Hoy tiene 27 y vive en Maracaibo, Venezuela, desde donde sigue con mucha expectativa el caso y confía que a la brevedad posible le digan sin vueltas qué pasó con su padre". Rosa destaca la militancia de su marido en AEBU y en filas del Partido Comunista y vuelve a su memoria la excusa con que algún militar pretendió desalentarlo: "Me dijeron que Julio se había ido a Buenos Aires, pero está demostrado que eso nunca ocurrió".
"Hay datos muy concretos de gente que asegura haberlo visto u oído en alguna repartición militar aquí, dentro del país. Uno de esos testigos ya falleció, y otro tiene problemas de salud, pero lo importante es que sus testimonios están debidamente documentados y en base a ellos, si se quiere investigar no habría ningún obstáculo".
Artigas Luis Escudero hizo un alto en su labor médica en la mutualista Camec, de Nueva Helvecia, para confiarle a LA REPUBLICA su dolor y su esperanza.
"Nosotros manejamos algunas sospechas de lo que pasó con Julio, pero necesitamos datos oficiales concretos.
Es muy duro, muy duro ver cómo pasan los años y seguir como en medio de una gran niebla".
"Nuestros padres murieron aquí, en esta ciudad, esperando una palabra que les despejara el misterio. Lo que hoy seguimos aguardando es simplemente la verdad. Nadie se evapora en el aire. Queremos tener un lugar donde llorarlo...".
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