David Rabinovich SAN JOSE
En el Herrerismo el peso político de cada uno se mide en votos. Luis Alberto Lacalle lo tiene porque tiene los votos del sector. En la interna es tradición reconocer a cada uno lo que aporta.
Hasta ahora, dirigentes como Luis Alberto Heber (Rivera), José Carlos Cardoso (Rocha), Juan Chiruchi (San José) o Carmelo Vidalín (Durazno) por citar alguno pesaban en la medida que mandan en su territorio. Pero el diagnóstico 'Lacalle es bueno para gobernar, pero no sirve para ganar' pegó fuerte.
Los caudillitos amagaron rebelarse. Aparecieron otras aspiraciones, encuestas, conversaciones, análisis de opciones y Lacalle anunció: en estas condiciones no soy candidato. Cambiaron las condiciones, o el veterano caudillo hizo lo necesario para cambiarlas. Ahora no sólo aspira a ser candidato, sino que se trajo a Francisco Gallinal a sus filas y procura otros apoyos para conformar un nuevo sector. El problema es cómo (dónde) quedan los herreristas de siempre.
Vidalín ya había marcado distancia; dará la pelea marcando votos para ganar espacios. Chiruchi, que viene manteniendo conversaciones con Larrañaga desde hace meses, sigue intentando encontrar su lugar. Tiene votos propios, por lo menos para ser senador, afirman fuentes cercanas al intendente maragato. Pero le están dejando sólo el lugar de diputado por San José y eso desplaza a Alberto Casas. Casas y José Luis Falero aspiran a ser intendentes. Aunque, como advirtió el Edil Freddy Fabre, Alberto Casas necesita los fueros, porque la Justicia lo requiere por su gestión en OSE.
Si Chiruchi acuerda con Larrañaga, podría ser senador, Casas o Falero diputado y Carlos Daniel Camy (el hombre del "guapo" en San José) casi seguramente intendente.
En la medida en que Vidalín y Chiruchi le saquen votos a Lacalle en la interna, se afirma más la candidatura de Larrañaga por el Partido Nacional.
Después de la reunión Gallinal y Chiruchi aparecieron, juntos y sonrientes, en la Junta Departamental. Gallinal destacó que mantenían una relación excelente. El viernes 11 se reunieron los chiruchistas en la Quinta del Horno (una dependencia municipal maragata) para analizar la situación. La versión de un posible alejamiento del sector cobró fuerza. Se debilitó la versión de un posible acuerdo con el sanducero y apareció la posibilidad de seguir el camino de Vidalín.
Pero nada está definido hasta que Juan Chiruchi, viejo zorro de la política, no decida cuál es la mejor forma de hacer pesar sus votos. Como dijo un diputado herrerista a LA REPUBLICA: con Chiruchi hay que hablar de conveniencias, no de convicciones. El chiruchismo está visiblemente nervioso por la posibilidad de que el líder los deje en la estacada. Ya se sabe que Juan no es hombre de sacrificarse por lealtades y en eso coinciden varias fuentes blancas.
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