El diputado Washington Abdala, diputado joven e inteligente que cometió el error de exagerar en su gestualidad, quedó fuera de competencia del Foro Batllista, luego de que Julio María Sanguinetti, Luis Hierro López y Tabaré Viera lo cocinaran, sin tener en cuenta sus méritos como político disciplinado de partido. La fidelidad paga, pero no mucho, es que hay que renovarla de tanto en tanto. Es como la Cédula de Identidad.
Esta crisis del Foro Batllista, algo muy parecido al Herrerismo y al Partido Comunista si hablamos de códigos políticos históricos, es grave no solo para el Partido Colorado, sino también para todo el sistema político uruguayo, porque el desplazamiento de Abdala es una muestra degradante de lo que "los políticos" pueden llegar a hacer, cuando se trata de conservar su poder, sin importarle la sociedad y la gente.
La caída de Abdala deja la sensación de que la política es un cúmulo de intereses personales donde para sobrevivir hay que destrozar al otro o reducirlo a la más mínima expresión.
En esto son responsables los dirigentes dominantes del Foro, pero también el propio Abdala, porque los comunes - nosotros- no podemos detectar un solo matiz programático o ideológico entre los que han estado confrontados y que culminan con esta fractura.
Incluso Abdala ha dicho, en medio de su desazón, que si no hay un fuerte Partido Colorado no habrá balotaje para vencer al FA, lo que muestra que en filas coloradas no hay un solo dirigente que tenga la perspectiva de recuperar al batllismo en una perspectiva de izquierda más o menos moderada.
El batllismo, el que construyó históricamente la cultura progresista de este país junto a Emilio Frugoni y Rodney Arismendi -entre otros- , no se atreve a tener una visión de izquierda renovada y moderada, sino que acepta ir detrás del conservadurismo del Partido Nacional, por más que por sus filas haya pasado progresismo de Wilson Ferreira Aldunate.
El Foro Batllista ha resuelto, con una clara actitud suicida, dejarle por siempre a la izquierda la cultura batllista, que se confirma cuando el profesor Hierro López cree que el gran cambio político del sector que ha empezado a liderar debe pasar del "Estado de bienestar a la sociedad de bienestar", lo que no soporta el más mínimo y primitivo análisis académico. Más cuando no hay una sola autocrítica que pueda explicar que dejaron la social democracia uruguaya, pasaron por el neoliberalismo de Jorge Batlle y terminaron este 10% de apoyo electoral - en el mejor de los casos- que solo explica la lenta e irreversible derrota que comenzó en 1958 cuando votaron contra la Ley Orgánica de la Universidad y comenzaron a coquetear con las corrientes más regresivas del pensamiento mundial, al tiempo que el dictador Juan María Bordaberry fue gestado en el vientre colorado, aunque viniera del ruralismo conservador del Partido Nacional.
Reducir la política a la intriga, al corte de patas, a la operación política por el solo ejercicio de la maniobra, lleva - más temprano que tarde - al fracaso. Y en esto no hay posturas de derecha o de izquierda, son solo lógicas de una mala política. Si la izquierda cree que está lejos de estas patologías suicidas, se equivoca. Es que la miseria humana no tiene lema partidario, porque de una vez por todas tenemos que entender que detrás de la filosofía del hombre nuevo, como la entendimos los marxistas en la década de los 60, están los mismos pecados.
El senador Eleuterio Fernández Huidobro (Cap-Libertad) dio una señal el pasado jueves, distinta a esta mezcla de mediocriodad e intriga que se vive hoy en la izquierda, cuando propuso una lista común al Senado del FA para las próximas elecciones, integrada por los cabezas de lista y encabezada por el doctor Tabaré Vázquez.
En esa sola propuesta reconoció el liderazgo del presidente Vázquez, pero a la vez expuso un acto de grandeza en la medida que su sector más amplio perdería representantes en el Senado, pero daría una muestra de generosidad para construir la necesaria unidad que el FA debe presentar en la campaña electoral y en el ejercicio del segundo gobierno, si es que se da.
La única respuesta positiva que conozco, puedo equivocarme, fue la de Víctor Rossi (AP). Los demás callaron, incluso sus aliados del MPP.
Fernández Huidobro puso en línea un 0800 para impedir el suicidio del FA. ¿Lo entederán?
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