Firme. Vázquez reivindicó que el objetivo de la política y la economía debe ser la gente

Vázquez: "Tenemos derecho a exigirle responsabilidad a los más poderosos"

LA REPUBLICA reproduce íntegramente la intervención del presidente Tabaré Vázquez ayer en la Cumbre de Líderes Progresistas que se realizó en la ciudad de Viña del Mar, ante las presidentas y presidentes de Argentina, Brasil, Chile e Inglaterra, y el vicepresidente de Estados Unidos.

 

La política y la economía

«Con mucha solvencia se ha discutido hasta este momento que la política es la herramienta para enfrentar la crisis que vivimos e intentar salir de ella; y yo estoy completamente de acuerdo. Precisamos apoyos técnicos, quienes no lo somos, pero la solución a estos problemas o es política o no hay solución.

También se ha hablado en profundidad y reitero, con mucha solvencia, de aspectos económicos, financieros, del manejo de la macroeconomía, del correcto manejo de la macroeconomía, que me apuro a decir que un correcto manejo de la macroeconomía no es de derecha ni de izquierda, ni de progresismo o conservadurismo, sino que es de buena administración. También con esto yo estoy de acuerdo.

Pero modestamente creo que la política y la economía no son objetivos finales sino que son herramientas para lograr el objetivo final, que es que nuestra gente viva mejor.

Creo que el objetivo central de esta discusión y de otras discusiones que seguramente se llevarán adelante en el mundo debe ser cómo trabajamos para que la gente viva mejor. Y sobre todo en este momento, para que los más necesitados sean los más privilegiados.

Creo que por sobre todas las cosas, los gobiernos que nos llamamos progresistas debemos ser profundamente humanos. Y debe ser desde un criterio profundamente humanístico que debemos encarar estos temas.

Modestamente, reitero. No nos entrampemos. No caigamos en la trampa de discutir exclusivamente desde el punto de vista económico, macroeconómico, de las finanzas, que sí es necesario hacerlo y hacerlo bien. No perdamos de vista que lo fundamental es la gente, son los hombres y las mujeres de nuestro mundo, que pueden pagar y sobre todo los que menos tienen, una crisis económica y financiera que no generaron, que no entienden y que van a padecer enormemente. Los gobiernos progresistas no pueden tolerar esta situación.

 

«Primero la gente»

El punto 4 del proyecto de comunicado final de esta reunión, se titula: «Primero la gente, que la crisis económica no derive en recesión social». Yo comparto ese concepto, así como el objetivo y el compromiso que están implícitos en el mismo.

El objetivo, que acabo de mencionar, puede parecer aburrido y el compromiso frágil en comparación con ciertas epopeyas utópicas que tuvo la izquierda. Al menos en Latinoamérica; si se tiene en cuenta que estamos en el siglo XXI, me atrevería a decir, con la utopía en el corazón y en el pensamiento pero con los pies en la tierra, para intentar superar la crisis que tenemos. Creo que el objetivo es plausible si se considera la dimensión de la actual crisis financiera global. Una crisis que, como bien se decía en el seminario de ayer, no es solamente financiera, es estructural, tal vez civilizatoria. También se ha dicho en esta reunión que el capitalismo se enloqueció y ahora no sabemos a quién culpar por esta locura. Hoy reitero lo que hemos dicho más de una vez, el mundo parece un manicomio dirigido por sus propios pacientes, no sabemos ni adónde vamos.

Creo que el objetivo es ambicioso si se tiene en cuenta que en el siglo XXI un sexto de la población mundial vive ­me pregunto si es vivir­ en situación de extrema pobreza. Un sexto de la población mundial. En ese panorama mundial, nuestra región, que no es la más pobre, es sin duda la más desigual. Es donde se distribuye peor la riqueza que se genera. No le echemos las culpas al imperio de turno, que fue hace algunos siglos el portugués, después el español, después el británico y que ahora es el americano. Porque si bien tiene su culpa, sin duda, también nosotros tenemos culpa de no haber generado un proyecto latinoamericano para que nuestra gente viva mejor. No lo hicimos o por omisión o por incapacidad o por corrupción. En este momento tenemos el desafío histórico de elaborar un proyecto latinoamericano para que nuestra gente viva mejor. Pero el objetivo antes mencionado, siendo plausible y ambicioso, no es suficiente si se tiene en cuenta, y estoy seguro que todos los aquí presentes lo tenemos en cuenta, que en un proyecto progresista podrá haber varios horizontes teóricos pero hay un único núcleo que es el ser humano.

Nos preocupa la economía, pero mucho más nos preocupa la vida, el ser humano. Puede parecer inocente, romántico o pasado de moda, pero ¿acaso hay algo más importante que la vida y la dignidad del ser humano? Dignidad que comienza con la vida misma y no lo digo por deformación profesional solamente. Dignidad que se expresa en condiciones y en calidad de vida.

 

Uruguay en 7 puntos

Uruguay, un pequeñito país, no es ni el centro del mundo ni el centro de la historia. No tenemos esa veleidad y si la tuviéramos seguramente no podríamos materializarla. Pero tampoco tiene una actitud autista respecto al mundo ni se resigna a ser víctima de la historia.

El gobierno que presido desde marzo de 2005 tampoco tiene vocación fundacional, pero lo cierto es que desde entonces a la fecha viene instrumentando un sistema de reformas estructurales que, además de las que mencionó ayer en su exposición nuestro ministro de Economía y Finanzas, abarca también, como creo que se debe llevar adelante, los siguientes puntos:

Recomposición del gasto público, priorizando los gastos y las inversiones estratégicas y generando incentivos tributarios a la inversión, todo ello en un marco de responsabilidad fiscal. 2) Una reforma a los sistemas de salud para que todos los ciudadanos tengan derecho a la salud. 3) En la previsión social; 4) Una reforma educativa que transforme a la educación en lo que es y lo que debe ser: una herramienta para liberar a nuestros pueblos; 5) El empleo y las relaciones laborales, como lo decía muy bien la señora presidenta de Argentina, no tener miedo de hablar de retribuciones dignas a los trabajadores, no debemos luchar por cualquier tipo de trabajo sino por trabajo digno para nuestra gente; 6) La gestión de los recursos naturales y del territorio; 7) El Estado. El mercado puede ser un gran dinamizador de la economía, pero no se le puede pedir lo que no puede dar. No puede dar justicia social. Necesitamos un mejor Estado y un mejor mercado. El Estado no puede estar ausente, y mucho menos en este momento, de los problemas que tiene la población. Los problemas que no va a solucionar el mercado. Para ello se necesita un ámbito público que diferencia al ciudadano del consumidor. Para el mercado todos nosotros somos consumidores. Para el Estado somos ciudadanos con derechos y obligaciones y debemos rescatar esa posición. Porque los derechos son herramientas para dignificar la vida de la gente y son la ética de la democracia.

No voy a desarrollar cada uno de estos ítems por una cuestión de tiempo.

En todo caso, permítanme decir que así como en los últimos cuatro años la economía uruguaya creció promedialmente un 8% anual, casi un 10% en 2008, y el desempleo alcanzó un mínimo histórico de 6,6% a fines del año pasado; el 49% del Presupuesto Nacional se destina a inversión social y la pobreza se ha reducido en mi país de un 30% a un 20%.

 

«Vamos bien»

Falta mucho, pero creo que los gobiernos progresistas de la región vamos bien. Es mucho lo que tenemos para hacer, siempre va a haber cosas para hacer. Pero creo que vamos bien porque hemos puesto en el centro de nuestra acción al hombre y a la mujer de nuestros países y sobre todo prioritariamente atendiendo a aquellos que más lo necesitan.

«Venían bien», podría decirse teniendo en cuenta la crisis financiera global que estalló en setiembre pasado y cuyos efectos nuestros países ahora están comenzando a sentir. Es verdad, lo sentimos y creo qu
e lamentablemente lo vamos a sentir más aún. Pero también es cierto que nuestra región está mejor preparada que en el pasado para enfrentarla. Por ejemplo en 1998 y 2002 para citar sólo dos situaciones graves sin remontarnos demasiado en el tiempo. Es cierto además, que ya hemos tomado y seguiremos tomando todas las medidas que sean necesarias para superar esta situación. Para disminuir nuestras vulnerabilidades. Para situarnos de una manera más seria y responsable frente a la crisis. Pero estamos convencidos de que la variable de ajuste, en esta oportunidad, no será la gente. No puede ser nuevamente la gente, el pueblo, el que trabaja, el jubilado, el pensionista, quien pague nuevamente los costos de la crisis. La crisis no va a ser, seguramente, en mi país así va a ser, la crisis no será excusa para renunciar a la salud de nuestra gente, a la educación de nuestra gente, a generar puestos de empleo dignos para nuestra gente, a la convivencia y a la seguridad, al medioambiente saludable.

 

La «revolución» del Plan Ceibal

Seguiremos, como decía muy bien el presidente Lula, adelante con un programa que también expusimos en el día de ayer en el seminario, pero que quiero resaltar hoy pues expresa muchas cosas. Me refiero al programa «Una computadora, un niño». Este programa que venimos instrumentando desde hace dos años es mucho más que adjudicar gratuitamente una computadora portátil a cada alumno y maestro de escuela pública en el país. Es una transformación profunda en términos pedagógicos. Es una revolución en términos de igualdad en el acceso a la información, al conocimiento, a la comunicación y a la recreación de nuestros niños. Es una revolución profunda que busca instaurar igualdad de oportunidades para nuestra gente. Una revolución que también comprende a los escolares con capacidades diferentes; la próxima semana comenzamos a adjudicar computadoras con teclados especiales para nuestros niños discapacitados visuales. También los niños que no ven tendrán su computadora para trabajar. Entendemos este programa no como algo accesorio sino como auténtico núcleo para el desarrollo. Un gobierno progresista debe apuntar fundamentalmente a la educación de nuestra gente, esa es la herramienta fundamental para salir adelante. Quizás es la fundamental herramienta para diferenciarnos de gobiernos conservadores.

 

«Confiamos en la sociedad»

Vamos a seguir adelante asumiendo la realidad en todo lo que ella tiene de complejo, cambiante, incierto; pero también de desafiante y auspicioso.

No se trata de pelearse con la realidad, sino de mejorarla. No se trata de limitarse a una suerte de doctrina de la queja sino de instrumentar cambios en beneficio de la gente y con la gente. Porque a la gente no hay que invocarla, hay que convocarla, hay que reconocerla, valorarla.

Los progresistas confiamos en la sociedad y apostamos a articularla sobre bases de libertad, democracia e igualdad. Consecuentemente entonces reivindicamos la política.

Integrados a nuestra región y al mundo, porque el aislamiento es la negación del progreso, para nosotros la pluralidad de esquemas de cooperación e integración en la región es decisiva y significa, en un mundo donde los actores nacionales son cada vez más pequeños, un factor de estabilidad para evitar la peligrosa tentación de actuar solos en un mundo de gigantes.

Ofreciendo lo que todo país serio debe ofrecer: estabilidad institucional, estabilidad macroeconómica, ordenamiento jurídico y reglas de juego claras respeto a los contratos, clima favorable a la inversión productiva.

En el Uruguay no somos, ni queremos ser paraíso fiscal. Uruguay no es, por cierto, un monasterio, pero tampoco es un casino.

También trabajando para generar la infraestructura y los servicios adecuados, que a su vez generan trabajo digno para nuestra gente.

Pero también reivindicando nuestro derecho al desarrollo. No queremos privilegios, Uruguay y nuestros países latinoamericanos no piden privilegios sino oportunidades.

Decimos no al proteccionismo, porque el proteccionismo es a la libertad de comercio lo que el autoritarismo es al liberalismo.

Sin ilusionarnos con un mundo perfecto pero construyendo un mundo cada día mejor con libertad para cada uno y justicia para todos; como proclamaba Albert Camus, quien también proponía crear el partido de quienes no estaban seguros de tener razón.

 

«Tenemos derecho a  exigir responsabilidad»

En circunstancias tan complejas, provocadas en no pequeña medida por el fundamentalismo, aquel fundamentalismo neoliberal que se nos dio como receta para salir adelante los países latinoamericanos.

Abrimos nuestras puertas y nuestras ventanas, aceptamos las recetas que se nos dieron y quienes nos daban las recetas desarrollaban políticas proteccionistas que pedían que nosotros no lleváramos adelante. Y lamentablemente en nuestros países se les hizo caso.

No queremos medidas fundamentalistas, no queremos soberbia y no queremos irresponsabilidad de otros.

Como se nos pidió a nosotros responsabilidad y así estamos actuando, tenemos derecho a exigirle responsabilidad a otros que son más poderosos que nosotros y que tienen que tener también una cuota de responsabilidad porque finalmente nuestros pueblos, que no son responsables de la crisis, la están padeciendo lamentablemente cada vez más.

No está de más, también lo digo, que nosotros seamos más modestos y exigentes con nosotros mismos, no para flagelarnos, sino para ser mejores.

Estoy seguro que en la capacidad de autocrítica de nuestros gobiernos y de nosotros mismos encontraremos la fuerza para salir adelante, con optimismo, con realismo y en el menor tiempo posible.

Porque nuestra gente no puede seguir esperando a que lleguen los momentos en que su vida se transforme en ser digna de ser vivida».

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