En la carrera por la sucesión compiten los contralmirantes Tabaré Daners, jefe de Estado Mayor de la Armada, y Oscar Otero, prefecto nacional naval. Ambos, además, con lealtades políticas definidas: el primero hacia el Foro Batllista; el segundo, hacia el Herrerismo. En otro nivel se sitúa el contralmirante Carlos Giani --jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia del Estado--, de extracción wilsonista. La permanencia de Pazos al frente de la Armada --cuyo retiro estaba previsto para 2003-- se convirtió en una piedra en el zapato del gobierno, a partir del 5 de agosto de 2000. En la madrugada de aquel día, once marinos morían por hipotermia tras la colisión entre el barreminas "Valiente" y el mercante "Skyros". El accidente, calificado como la mayor tragedia marítima en la historia de la Armada, que aún investiga la Justicia penal (ver nota aparte), dejó en evidencia graves fallas y transgresiones a los procedimientos navales de rescate y carencias en el conocimiento de técnicas básicas de navegación. A este episodio se sumó en marzo pasado la pérdida de un helicóptero Wessex de la Armada en una aparatosa operación de rescate y la desaparición de un suboficial de segunda, y la muerte de un buzo --a fines del año pasado-- en la bahía de Montevideo, a escaso metro y medio de profundidad.
La lista de desastres no se detuvo allí. Ayer el diario El Observador informó sobre la investigación interna en curso, a cargo de un juez militar, relacionada a un faltante de municiones, aún no determinada, y al suicidio del oficial responsable del polvorín de la Armada.
Un año atrás, empero, ocurría otro episodio muy similar en la Prefectura de Fray Bentos. Según fuentes castrenses, un oficial destinado a la custodia del armamento se autoeliminó tras constatarse una irregularidad en esa dependencia, presumiblemente un faltante de armas o de municiones, o de ambas. Ayer, la divulgación pública del hecho --ocurrido semanas atrás-- generó una gran preocupación en filas gubernamentales. El ministro de Defensa, Luis Brezzo, declinó realizar comentarios. Según supo a LA REPUBLICA, un control sorpresivo dejó al descubierto un faltante de municiones de grueso calibre en el Servicio de Material y Armamento de la Armada. Tras una primaria investigación fue sancionado con diez días de arresto a rigor el oficial a cargo de esa dependencia --un teniente de navío--. El primer día de detención, el oficial, de 35 años, se autoeliminó. Antes de tomar la drástica decisión, habría admitido que se excedió en el uso de las municiones destinadas para su uso personal (instrucción) y que otras las había entregado a civiles ajenos a la Armada. El militar agregó que había actuado dentro de su competencia ya que su función era encargar estudios técnicos sobre el armamento a su cargo. Sin embargo, las fuentes recalcaron que el militar no estaba habilitado para entregar las municiones a personal civil. *
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