Un confeso simpatizante del ideario nazi, el teniente de navío de 35 años que se suicidó tras ser responsabilizado por una faltante de municiones en el Servicio de Armamento de la Armada Nacional, era un integrante de la Reserva Naval pero ocupó durante casi dos años la jefatura del Polvorín, un cargo que de acuerdo a las normas militares le habría correspondido a un oficial superior del Cuerpo de Aprovisionamiento y Administración.
Identificado como responsable por el faltante de municiones calibre 9 milímetros y 7.62 que desaparecieron del Polvorín, el ex marino recibió la sanción de arresto a rigor que le impuso el mando y, apenas unos minutos después, se encerró en su cuarto donde se descerrajó con su arma de reglamento un balazo que le destrozó un ojo y luego le penetró el cerebro. "Mantuvo una tranquilidad pasmosa. En ningún momento entró en crisis. Recibió la sanción sin mover ni un sólo músculo y se fue para su cuarto sin decir ni una sola palabra", dijo a LA REPUBLICA un informante allegado a las investigaciones dispuestas por el Comando General de la Armada Nacional para esclarecer el suicidio.
Las investigaciones seguidas bajo estricta reserva concluirían hoy con un pronunciamiento y un informe de la Justicia Militar, documentos que serán remitidos a Presidencia de la República antes del lunes, fecha acordada para la comparecencia del ministro Luis Brezzo ante el Poder Legislativo.
Fuentes de los servicios de Inteligencia confiaron ayer a LA REPUBLICA que el malogrado reservista naval, un hombre soltero y solitario de 35 años al que se le conocían muy pocas amistades y una única novia, tenía "un conocimiento muy avezado y meticuloso del manejo de todo tipo de armas", incluso poseía en su propio hogar "una cantidad de armas que causó sorpresa", y además estaba registrado como "coleccionista" ante los Ministerios de Interior y de Defensa Nacional. "Era de recibir a la gente en su casa con un revólver en la mano cuando abría la puerta; era fanático de las armas que usaba de manera permanente, y hacía mucha ostentación del arsenal que tenía", comentó uno de los informantes. El carácter habitualmente retraído del ahora suicida fue atribuido por las fuentes a "una desagradable tragedia familiar" ocurrida en el pasado que los informantes se negaron a identificar.
Las fuentes, habituales informantes de LA REPUBLICA, admitieron que el ex reservista había profesado "reiteradas veces" su afinidad con la ideología nazi de Adolf Hitler, a la vez que había manifestado "otras tantas veces" su antipatía y desprecio por "judíos, negros e izquierdistas". No obstante, los informantes aseguraron que "a tres semanas de iniciadas las investigaciones" ningún servicio de Inteligencia obtuvo indicios de que el reservista tuviera pertenencia orgánica a alguno de los grupos neonazis que en los últimos años han operado en Uruguay en forma esporádica.
Los allegados a las investigaciones del suicidio aún sin esclarecer del marino explicaron a LA REPUBLICA que las municiones sustraídas podrían sumar "algunos centenares pero no miles", (como afirmaron El País y El Observador), ya que las municiones hurtadas sólo podrían corresponder a un año de entrenamientos. "Hizo figurar ejercicios que nunca existieron, y así pudo sustraer las municiones", dijo un informante, quien agregó: "De todos modos no puede ser que hayan faltado miles de municiones como pusieron en El País y El Observador porque las municiones se asignan por año de entrenamiento. Y la cantidad de municiones asignadas para el año, eso apenas suman algunos miserables centenares".
Las fuentes aclararon, sin embargo que "todavía no se terminó de contabilizar" la totalidad del faltante ya constatado, y admitieron la posibilidad de que el caso pueda tener ulteriores derivaciones que comprometan a los comandos que mantuvieron al reservista durante casi dos años en un cargo tan delicado como es custodiar las municiones depositadas en el Polvorín de la Armada Nacional. *
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