En los primeros días de junio comenzó a ejecutarse la trama de lo que hoy se conoce es una demanda del empresario argentino Eduardo Cantón, acusando al periodista Gabriel Monteagudo de coautoría en el robo de información de su propiedad. El testigo de Cantón sería la misma persona que buscó contactarse con el periodista ofreciéndole información privada del empresario.
En esos días el periodista recibió una llamada: "Tengo información importante para usted", dijo la voz, "lo espero en la Plaza Artigas a las cuatro de la tarde". Después de recibir por lo menos diez llamadas, finalmente nuestro corresponsal accedió a la entrevista, no sin antes aclararle que no aceptaba materiales robados y que ante esto iría a entregarlo a la comisaría. Allí en medio de la Plaza Artigas, mientras la placera hacía sus tareas un muchacho de aproximadamente 20 años, delgado, de 1,70 de estatura, dijo que tenía una información "de Cantón". Prometió darle el material en el segundo encuentro, que finalmente ocurrió el miércoles 7 de junio. Allí, también en las primeras horas de la tarde, se inició un juego de palabras. "Vengo de parte del Mono de Palmira", dijo --persona esta totalmente desconocida para el cronista--, "quiere que le digas si esto puede valer algo". Según narró Monteagudo su respuesta fue que "quería ver qué tenía", si era en las condiciones previstas anteriormente.
Monteagudo dijo que recuerda que la propuesta del hombre fue más o menos en los siguientes términos: "Mirá, tengo un amigo que trabaja en El Faro y lo despidieron, entonces tiene unos papeles que quiere que veas y alguna cosa para decir".
En los diez años que Cantón comenzó a invertir en Carmelo era la primera vez que alguien "de adentro" de su cerrado círculo se animaba a declarar o mostrar alguna documentación.
Para el trabajo periodístico había dos posibilidades: o era un fabulador buscando alguna prebenda de tipo económico o se trataba de alguien enviado por Cantón como ofensiva por el trabajo del periodista, para intentar una maniobra
"Pensé que podía ser una cama" --afirmó Monteagudo-- "pero por la apariencia me incliné por la primera opción. Ahora veo que me equivoqué".
En total el cronista fue a dos reuniones en un lugar público sin que el supuesto informante le entregara nada.
Varios días después lo volvió a llamar insistentemente, lo atendió la secretaria del periodista e incluso llamó a su domicilio particular, desde donde el captor marcaba que llamaba de un teléfono público en las afueras de la ciudad.
Finalmente un mediodía, la oficina estaba cerrada cuando el sujeto golpeó, pasó y mostró una carpeta con supuestos documentos. Había cambiado el color de su pelo, ahora lacio y pelirrojo.
"Me puse nervioso" --dijo Monteagudo-- "el tipo estaba adentro de mi casa y no sabía qué intenciones tenía, agarré la carpeta y la dejé arriba del mostrador de la oficina".
Cuando la abrió se dio cuenta de que contenía unos CD vulgares, escritos con marcador azul sobre su superficie, uno de ellos decía "Cuentas en Suisa", con ese. "Ahí me di cuenta de que todo era una gran joda, me asomé a la calle, le tiré la carpeta y le grité que se llevara eso porque iba a llamar a la Policía", informó Monteagudo. Esta situación tuvo testigos.
En ese momento no se conocía que a fines de abril o principios de mayo, es decir poco tiempo antes, se había producido un robo en el country de Cantón.
Según información en poder de LA REPUBLICA, Cantón acusará a nuestro corresponsal de instigar el robo ocurrido en su propiedad un mes antes y de haber intentado comprar material robado. No es la única vez que Monteagudo ha tenido que enfrentar intentos de comprometerlo. El año pasado, luego de unos procedimientos por drogas que hizo la Policía, el cronista encontró, un domingo de mañana, un sobre transparente con una sustancia blanca adentro, muy similar a los famosos "ravioles" de cocaína. El periodista llamó al subcomisario Alejandro González que se llevó el producto y se labró el acta. Este año también concurrió a la Policía y al juzgado cuando entendió que el tema escapaba de su trabajo periodístico. "Si hubiera visto algo comprometedor o hubiera sospechado que era un material que le había sido robado a Cantón lo hubiera llevado a la comisaría, tenía nota y podíamos escribir que gracias a nosotros se encontraron a los ladrones de El Faro", reflexionó. *
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