RAUL LEGNANI
--¿Cuál va a ser el futuro político de Mariano Arana en 2004?
--La respuesta que voy a dar no contiene un proceso de reflexión colectiva, pero es fruto de algunos intercambios con distintos compañeros.
En primer lugar Mariano es un capital político común de la izquierda y de las fuerzas progresistas. En segundo lugar, si el Encuentro Progresista necesita a Arana, podrá disponer de esa figura para utilizarla donde entienda necesario. Pero tampoco hay ninguna duda de que si esa figura no es utilizada por el Frente Amplio y el Encuentro, la Vertiente va a utilizar ese enorme capital político (se ríe).
--A usted, ¿dónde le gustaría ver a Arana?
--Repito: como es un capital colectivo creo que debería ser utilizado por el Encuentro. También digo que no está planteado que Arana sea el candidato común a la Presidencia de la República. Esto lo ha dicho Mariano en conversaciones particulares con el compañero Tabaré Vázquez, que va a ser el candidato a la Presidencia.
Por esto la única alternativa es que Arana fuera candidato a la Vicepresidencia de la República para ser candidato, dado que está impedido constitucionalmente de repetir en la IMM.
--¿Usted comparte la necesidad de que el Encuentro debe ampliarse con nuevas fuerzas políticas o dirigentes?
--La estrategia es crecer e incorporar a la organización política a la mayor cantidad de sectores que se identifiquen con un programa de carácter progresista. Para esto hay que tener la capacidad de articular alianzas políticas y no sólo alianzas sociales. Hay una enorme cantidad de compañeros que todavía no han estado integrados a una propuesta de cambio.
--Mire que no es fácil salirse de una fuerza política e irse a otra. Mucha gente que lo ha hecho me ha contado que se le cortaron hasta los vínculos sociales. ¿Qué tiene que hacer el progresismo para favorecer esas condiciones que van a posibilitar que se le arrime nueva gente?
--Hay que tener la capacidad mental, de mayor nivel de apertura, para construir ese espacio de alianzas. Y a la vez tenemos que tratar de priorizar lo estratégico sobre la táctico.
En escala nacional ha estado planteado, pero a veces nos ha faltado apertura para no tenerle miedo a los espacios de alianzas o para no posicionarnos en la fortaleza de las reservas llamadas, eventualmente, ideológicas. Es que hay miedo ideológico que lleva a no trabajar mucho por las alianzas, porque tememos desvirtuar lo que hemos pretendido defender.
--Hoy hay señales claras y dirigidas al Encuentro Progresista por parte del senador Rafael Michelini. También hay señales claras que no van dirigidas al Encuentro, pero que no están muy lejos del punto de vista programático. Hablo del planteo de renovación del Partido Nacional propuesto por el doctor Juan Andrés Ramírez. ¿Hay más actores expresándose en ese sentido?
--En lo nacional, estos dos dirigentes son los que han estado más en el escenario político. Claro que potencialmente hay más, porque no se puede tener preocupación por las cuestiones ciudadanas, por las cuestiones populares, por la situación de los productores y terminar subsumiéndose en organizaciones políticas que se encaran desde la ortodoxia más neoliberal y que terminan actuando en contra de lo que se pretende.
--Ramírez, Michelini, también dirigentes del Interior del país, están coincidiendo con el Encuentro Progresista. Pero el otro día miraba en la televisión cuando el doctor Tabaré Vázquez ingresó a la sede del Partido Nacional y me pregunté: ¿por qué esta reunión no se hizo después de la primera vuelta, a las pocas horas? ¿No estuvo lento el Encuentro, no se durmió?
--Yo tengo una posición muy definida al respecto (se ríe). Estuvimos hiperlentos, muy lentos, extremadamente lentos. ¿Esa lentitud fue un error? No. Con esto quiero decir que había una lógica que pretendía, desde el punto de vista político, salir de octubre y ganar en noviembre sin tener que "pagar" el plato de tener que conversar de cara a noviembre.
--¿Era una lógica dominante?
--Sí, sí. Fue una lógica dominante que estaba en la estructura y reflejó lo que el compañero Tabaré Vázquez hizo en los primeros días de noviembre. Era la lógica que decía "tuvimos el 40%, vamos a ganar sin tener que hacer ningún tipo de conversaciones".
Razón por la cual las conversaciones se mediatizaron.
Esa lógica cometió un primer error que fue táctico, táctico, táctico: que no generó ningún nivel de contradicciones entre nuestros interlocutores. En segundo lugar, esta lógica responde a una concepción equivocada que se expresa así: en política no sólo acumulamos fuerzas para ganar, queremos ganar y el proceso de acumulación de fuerzas tiene el objetivo de llegar y ganar.
Muy bien, pero la acumulación de fuerzas tiene otro objetivo: después de ganar hay que tener la capacidad de llevar adelante un proceso de transformaciones y de cambios o sea la capacidad de poder gobernar. Esta lógica implica, también, tener la capacidad de articular distintos actores no nuestros.
Pero lo que dominó fue la lógica de ver la política desde la asepsia.
--¿Ahí, en esos días, se expresó esa necesidad de la izquierda de sobreproteger la pureza ideológica?
--Exacto. El miedo a perder la pureza ideológica es una debilidad ideológica. Es un error, que quiere decir que en realidad no se tiene claro si el colectivo tiene la capacidad de caminar en un sentido u otro. La política implica tener la capacidad de articular desde posiciones claramente definidas y saber hasta dónde uno está dispuesto a ir y hasta dónde uno no está dispuesto a ir.
--Pero hubo gente que se arrimó al Encuentro Progresista. Irineu Riet Correa fue uno de ellos, también el ex diputado Jorge Machiñena, que juntos jugaron fuerte en favor del Encuentro en el balotaje y yo hasta ahora no he visto que algún dirigente del Frente Amplio lo haya ido a ver. No es negocio juntarse con ustedes, diputado Bayardi.
--Aquella lógica que nos llevó a los errores de noviembre de 1999 sigue estando presente. Aunque creo que se han ido abriendo espacios de manera significativa, tanto en lo político como en lo social.
--Recuerdo que costó mucho sacar adelante la idea de la creación del Encuentro Progresista y ahora el senador Rafael Michelini propone una nueva alianza progresista. ¿Está dispuesto a cambiarle el nombre al Encuentro Progresista-Frente Amplio?
--El Encuentro ProgresistaFrente Amplio es un instrumento para expresar la política de alianzas. Si hay que cambiarle el nombre que se cambie. Claro que hay instrumentos, como el Frente Amplio, que tienen más identidad política y eso hace que resulte muy difícil cambiar los nombres.
--Todo esto que estamos conversando ahora ¿se juega en el próximo Congreso del Frente Amplio?
--Estamos procesando recién una discusión, en medio de la lucha por el plan de emergencia y por las firmas para derogar las normas del presupuesto sobre Antel y Ancel, por eso puede pasar que no se pueda profundizar el debate. No quisiera que entráramos a un Congreso que lo que acumulamos desde el punto de vista externo, lo estemos dilapidando por no poder centrar claramente las definiciones que tenemos que ir dando. Yo creo que las ideas y valores ya están actualizadas desde el punto de vista de la práctica política y de nuestro discurso, pero no quisiera que eso que ya está no tengamos la capacidad de escribirlo. La idea es plasmar en el escrito lo que ya hacemos desde el punto de vista del discurso y de la práctica.
--Muchas veces la ideología contiene valores emotivos muy fuertes, por eso hay sectores que defienden banderas históricas como el antimperialismo, por ejemplo. ¿Esto es contradictorio con la actualización?
--No, no lo es. Para nada. El propio documento de la mayoría tiene una clara definición antimperialista. Es que perderíamos nuestra identidad desde el punto de vista político si no tuviéramos esa clara actitud antimperialista que hay que potenciarla, pero a la vez hay que ver cómo se expresa en la actualidad. Yo me crié en aquello de la contradicción oligarquía-pueblo, pero esta contradicción hoy tenemos que saber qué quiere decir. *
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