El líquido extrañamente aparecido en la mejilla de la imagen de la Virgen del Rosario --que fuera interpretado por los devotos como una lágrima-- conmocionó el ámbito religioso y abrió una serie de interrogantes sobre si lo sucedido fue realmente un milagro o se trata de un fenómeno de tipo natural.
Lo cierto es que el acontecimiento convoca diariamente a unas 100 personas que mayormente por la noche llegan hasta la ermita donde está protegida la imagen, para pedirle ayuda, entregarle ofrendas y rezar por sus seres queridos.
También fueron vistos numerosos devotos de la virgen a primeras horas de la madrugada portando velas y dejando cartas. Desde Argentina, varias excursiones recorrieron cientos de kilómetros para asistir al presunto milagro rosarino. También la noticia llegó a oídos de la conductora televisiva Susana Giménez, que días atrás afirmó en su programa que vendrá a Uruguay atraída por el "llanto" de la Virgen.
Sin embargo, rápidamente el fenómeno comenzó a ser aprovechado por personas que buscan obtener rédito de la creencia popular. El pasado martes, monseñor Carlos Collazzi solicitó en la homilía hecha en la parroquia de Rosario que no se lucre con la Virgen. Este pedido surgió al constatarse la presencia de vendedores en los alrededores del arroyo Colla, lugar donde está ubicada la imagen. Varios oportunistas percibieron que este milagro convocaría a miles de personas y por tanto, se pusieron a vender fotos de la "inmaculada" a $ 25 cada una. Según informaron a LA REPUBLICA miembros de la comunidad parroquial de Rosario, en un fin de semana los vendedores recaudaron 80.000 pesos.
Este hecho no fue bien visto por las autoridades eclesiales, por considerar que los responsables de estas ventas no son personas necesitadas.
El obispo de Mercedes-Colonia, monseñor Carlos Collazzi, nombró una comisión integrada por tres sacerdotes y tres laicos de Rosario, quienes en tres meses deberán presentarle un primer informe que refleje la opinión de profesionales, peritos, teólogos y fieles sobre lo acontecido con la imagen de la Virgen de Nuestra Señora del Rosario. Los miembros de la Comisión son el presbítero Silvano Berlanda, vicario general de la diócesis y párroco de Cardona, el presbístero Edgardo Rodríguez, el cura de Juan Lacaze, Pedro Silva, el arquitecto Héctor Blanco, Omar Grasso y la escribana Elena Borrás.
El prelado, a través de un decreto, resolvió que el traslado de la Virgen requiere de su previa autorización en forma escrita y definió a la actividad de esta Comisión "de reservada" y garantizará su procedimiento mediante el trabajo de una escribana integrante de la misma.
Monseñor Collazzi, quien se dirigió a la comunidad para pedir "calma y cautela" a fin de evitar angustias y psicosis entre la feligresía, se entrevistó con ingenieros docentes de la universidad pública, los que ya fueron a Rosario y observaron la imagen religiosa.
Estos deberán entregar posteriormente un escrito con su diagnóstico.
Collazzi pedirá asesoramiento al obispo de Salto, monseñor Daniel Gil, al igual que a expertos en madera, material con el que está construida la vírgen.
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