Martes, 28 de agosto, 2001 - AÑO 9 - Nro.573
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PATRICIA ABAL SUPERO LAS PRUEBAS DE ADMISION Y SE QUEDARA EN EL VIEJO CONTINENTE

Una mujer uruguaya logró conquistar la marina española

Patricia Abal es una de los seiscientos uruguayos con nacionalidad española que respondió al llamado del Ejército de la "madre patria" para ingresar a sus filas. Su vocación le sirvió para superar las pruebas impuestas por las autoridades españolas en territorio uruguayo y de la Armada en la ciudad de Pontevedra. El 10% de los enrolados ya renunció.

 Patricia
Abal dijo que la mayoría de los uruguayos que se enrolaron en la marina Española no lo
hizo por vocación.
Patricia Abal dijo que la mayoría de los uruguayos que se enrolaron en la marina Española no lo hizo por vocación.

El sueño de una cajera de supermercado parece cumplirse. A pocos días de contraer matrimonio con un guarda de Cutcsa, hizo las valijas, tomó su pasaporte y partió a España con el propósito de cumplir una de sus metas: enrolarse en la Armada.

Su intención era ingresar en la marina uruguaya, pero luego de evaluar la realidad de las dos instituciones (la nacional y la europea) y revisar sus posibilidades económicas, teniendo en cuenta que un marino uruguayo gana unos $ 2.000 por mes y uno español percibe unos U$S 600, decidió aceptar la invitación cursada por España.

Patricia no dudó; hace dos meses que recibe instrucción militar en la región autónoma de Galicia. Debido a una licencia obligatoria que otorga la Armada, la joven de 23 años regresó a visitar a sus familiares en Uruguay y en pocos días volverá a la Escuela de Transmisiones y Electrónica de la Armada Española para cumplir con el contrato de dos años.

En entrevista con LA REPUBLICA, la joven emigrante reconoció que la mayoría de los uruguayos alistados en el Ejército no lo hizo por vocación, "sino por no encontrar oportunidades laborales en el país y buscar en España un futuro mejor". Señaló que de la primera tanda de compatriotas que en junio superaron las exigencias de las pruebas físicas, médicas y psicológicas, (200 jóvenes, mayormente varones) unos 20 ya abandonaron la institución. Algunos lo hicieron antes de firmar el contrato por dos años y otros pocos días después. Pero lo particular del caso es que la gran mayoría de estos no volvieron a Uruguay y prefirieron quedarse para buscar trabajo en distintos puntos de España.

Patricia llegó a nuestra redacción acompañada de su padre. Es de estatura baja, cabellera larga y negra recogida, y exhibe una caravana en la nariz. No aparentaba ser una marina que acatara órdenes de superiores ni que cumpliera con las intensas jornadas de formación militar, pero la realidad indicaba otra cosa. A los pocos segundos de iniciada la entrevista demostró tener una fuerte personalidad.

Según manifestó, en poco tiempo se adaptó a los cambios que implica ingresar a una institución que exige una estricta disciplina, y al mismo tiempo, "dota de todos los recursos para la formación de sus integrantes".

Sobre las versiones acerca de malos tratos por parte del Ejército español, la joven afirmó que "muchos llegaron a España pensando que era otra cosa", en relación a la instrucción impartida por el arma militar. Desmintió que fueran agredidos por superiores y dijo que recibieron "simplemente" las exigencias típicas de la formación castrense, como la obligación de hacer limpiezas cuando la cama no estaba prolijamente hecha, salir a correr en caso de equivocarse en la colocación del rifle de reglamento o no saludar a un superior.

Patricia explicó que normalmente en la Armada se levantan a las 6.45 horas, tienen 30 minutos para desayunar café, leche o jugos acompañados con alimento sólidos.

Desde las 7.30 y hasta las 11 de la mañana reciben instrucción militar. Luego dedican tiempo al estudio, donde se les enseña nociones sobre las ordenanzas de la Armada y la Marina, les hacen aprender las diferentes partes de un barco y se les instruye sobre disciplina y respeto.

Mirando a ultramar

La historia de estos 200 uruguayos en España se remonta a los primeros días de junio, cuando los poseedores de pasaporte español entre 18 a 26 años recibieron un sobre con una convocatoria en el Centro Gallego para informarles del propósito del Ejército español. Al no tener España un servicio obligatorio sumado al desinterés de los residentes a ingresar en la institución castrense, las autoridades se vieron en la necesidad de captar "españoles" de Argentina y Uruguay.

Unos 600 uruguayos respondieron a la convocatoria y realizaron las pruebas exigidas. El test físico consistió en pruebas contrarreloj corriendo 50, 100 y 1.000 metros, salto y flexiones. También hubo purebas escritas y consulta médica. La mitad de los aspirantes quedó por el camino y de los 300 habilitados a viajar, finalmente lo hicieron 200. El pasaje debía ser pago por del propio aspirante, que podía abonarlo al contado o con el cobro del sueldo en España.

Patricia, el 14 de junio pasado, contrajo matrimonio y, cinco días después, partió rumbo a Madrid. Atrás quedaba su familia: su hermano es miembro de la Armada uruguaya, su padre es jubilado, su marido, que en febrero posiblemente parta a España, trabaja en Cutcsa. Ella dejó el trabajo en el supermercado, sus estudios en sexto año de Derecho, y una vieja aspiración de ser maestra.

Luego de llegar al viejo continente fue trasladada a la provincia de Pontevedra en Galicia, donde cumple con la instrucción de la Escuela de Transmisiones y Electrónica de la Armada Española.

En este lugar debió realizar nuevas pruebas, esta vez más exigentes que las sorteadas en nuestro país.

En noviembre será derivada a otra base, donde estudiará los Sistemas Tácticos de la Armada. De decidir dejar la fuerza de mar, tras culminar los dos años de contrato, es la propia institución la encargada de encontrarle un empleo. Cualquier uruguayo con pasaporte español tiene derecho a un seguro por desempleo y de integrar una "bolsa de trabajo". La joven montevideana sostuvo que en comparación con nuestro país, en España existen mayores beneficios para vivir y además de ganar sueldos mejores, hasta el costo de vida es considerablemente menor. Puso como ejemplo que allá una lata de refresco, que aquí cuesta $ 12, cuesta $ 3.

"Si algunos de los chicos de los que está por ir me pide un consejo, le digo: 'Tirate de cabeza'. Por lo menos después puede comparar dónde se vive mejor", afirmó Patricia Abal.

Otro contingente de compatriotas partirá en setiembre. *


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